¿A donde nos va llevar tanta prisa en nuestra vida, Mac?

paso del tiempo¡Saludos cariñosos, amigo Mac!:

¿Sabes? Creo que a nuestra época le acontece algo muy peculiar. Hemos hecho a un lado una de las virtudes que nos permiten ser felices: la paciencia. El mundo actual se caracteriza por querer que todo sea instantáneo, desde el café y los sitios de comida rápida y muchas cosas más. La vida moderna con sus tecnologías nos empuja a vivir con una rapidez endiablada, a experimentar como un torbellino la existencia. Caminamos rápidamente en todos los aspectos de la vida. Todo lo queremos de inmediato. Si la computadora tarda unos segundos en responder a lo que buscamos, surge el enojo; hay que caminar de prisa por le calle porque la velocidad de los autos que circulan nos lo exigen, so pena de sufrir un accidente.

Nos enfermamos de una gripe, corremos a la farmacia, compramos decenas de pastillas o inyecciones que nos la quiten cuanto antes las molestias de la tos y los estornudos, cuando los médicos recomendaban antes, “meterse en el sobre” (cama) dos o tres días y el sistema inmunológico entraba en acción para acabar con el percance. Hemos perdido la capacidad del sacrificio y la hemos cambiado por la irritación y el enojo que nos incomoda y desespera.

Se han inventado sistemas de lectura rápida para “beberte” los libros en cuestión de minutos y lo que pasa es que nos indigestamos con miles de páginas que nos dan información, pero nos perdemos la hermosura de frases creadas por escritores, que derraman belleza en sus creaciones literarias y pasamos los ojos por ellas, pero no gozamos de su creatividad y sus descripciones que podrían enriquecer nuestro espíritu. Ahora todo lo queremos condensado desde una novela bien escrita hasta la leche y el café soluble hecho de garbanzo que trata de alimentarnos.

Somos campeones de la rapidez, pero ¿sabemos a dónde vamos y para qué? Llegamos a un punto en el que, cuando trabajamos, estamos pensando y soñando con unas buenas vacaciones y cuando estamos vacacionando pensamos en el trabajo. Todo lo hemos alterado en nuestro afán de bebernos la vida a tragos, dejamos pasar vivencias muy bellas por sumergirnos en el torbellino de hacer todo rápidamente, sin vivir intensamente el tiempo de vida que Dios nos concede [...].

Hemos llegado al extremo de cortar los frutos a destiempo, para venderlos más rápido y las consecuencias son frutas insípidas, limones verdes y ácidos y papayas desabridas, y todo por el dinero inmediato. Son signos de unos tiempos en los que domina el ansia de ganar dinero a toda costa, y se paga un precio muy alto por la impaciencia que hace presa de mucha gente, que se olvida de vivir por conseguir riqueza a toda costa.

Es importante detenernos un poco a pensar: esa prisa que nos impone nuestra forma de vivir tan locamente hasta dónde nos puede llevar. Parece que en este tiempo se ha inventado el movimiento perpetuo, que nos lleva a un destino al que deseamos llegar sin saber para qué ni cómo. En el pecado pagaremos la penitencia. Recibe mi saludo afectuoso y el abrazo cálido de siempre. Mac.