gegegPadre Pegueros: “¿Quién es el P. Opeka?... ¿Cuál es la historia de este sacerdote argentino?... ¿Cuál es su principal obra en Madagascar?... Lo saludamos…”

Familia López-Cardiel (Morelia).

Madagascar es una de las naciones más pobres del mundo. Y en este país vive un sacerdote argentino, el P. Pedro Opeka, a quien hemos visto abrazado a su paisano el Papa Francisco que fuera su maestro de Teología en el Seminario de San Miguel, en Buenos Aires, hace 50 años. El Papa comentó: “Pero no le atraía mucho estudiar, ya en esa época había elegido la acción, el trabajo”.

Es hijo de emigrantes eslovenos, nació en San Martín, Provincia de Buenos Aires, en 1948. Siempre vio en su padre, que era albañil, un modelo de esfuerzo y trabajo. Para él, sin trabajo no se consigue nada. Como buen argentino, era muy aficionado al futbol, pero muchos sábados se iba con su padre al trabajo. Ya a los 14 años era oficial albañil. Siendo seminarista de los Misioneros Vicentinos, a los 17 años hizo su primera casa en Junil de los Andes, entre los indígenas mapuches y desde entonces no ha parado, siempre con la idea de dar dignidad a los más pobres, ayudándoles a que ellos mismos se ayuden.

Se ordenó sacerdote Misionero Vicentino en 1975, a los 27 años de edad. Su primer destino fue Madagascar y su primera parroquia, en Vangaidrano, al sur del país, donde duró 15 años. Les enseñó a cultivar arroz, lo hacían juntos. Jugó futbol, llegando a ser la estrella del equipo local. Comenta él: “El futbol fue el camino para ganarme su confianza y sentirme como uno de ellos”.

En 1989 lo cambiaron a Tananarivo para trabajar en el Seminario de su Orden. Pero un día, al pasar por un basurero de la Capital, vio a unos niños peleándose con unos perros por pedazo de carne encontrada en la basura. Aquí, pensó el P. Pedro, no hay nada que decirles, hay que actuar.

Empezó con una pequeña casa para albergar niños sin familia, construida con la ayuda de unos voluntarios. En un terreno cedido por el municipio, construyó casas dignas para familias que no tenían nada. Les decía: “Ayúdense, que yo los ayudaré”.

Las primeras casas eran de madera y luego fueron sustituidas por casas de ladrillo. Al primer barrio, siguieron otros, hasta formar hoy la ciudad de Akamasoa, que en lengua malgache significa: “Ciudad de la Amistad”, con casi 30,000 habitantes, escuelas primarias y secundarias para unos 7,000 alumnos, con parques, jardines y dos estadios de futbol. Tienen también escuelas talleres para enseñar oficios, como carpinteros, mecánicos, pintores, artesanías, tejidos y otros.

Al P. Pedro lo han propuesto dos veces, tanto Eslovenia como Mónaco, para el Premio Nobel de la Paz. Él comenta: “Mi premio es ver a tantas familias que ahora viven de manera digna, gracias a sus esfuerzos y de los que nos ayudan”. Francia le otorgó la Medalla de la Legión de Honor, su máxima distinción.

Para todos nosotros, el P. Opeka es un ejemplo de caridad, cooperación y solidaridad cristianas.