dqdqsdaPadre Pegueros: “¿Por qué pedimos a Dios el pan de hoy?... ¿Qué enseñanzas propias nos ofrece esta petición del Padrenuestro?... ¿Cómo ha sido comentada esta petición en la Iglesia?... Ojalá que todos aprendamos de Cristo a orar…”

Familia Domínguez-Becerril (Moroleón, Gto.).

Esta petición del Padrenuestro: “danos hoy nuestro pan de cada día”, parece la más humana de todas porque rompe esa serie de peticiones tan elevadas y sobrenaturales que la preceden y siguen. En las primeras tres pedimos bienes celestiales: la santificación del nombre de Dios, la venida de su Reino y el cumplimiento de su voluntad. En las tres últimas pedimos perdón de nuestras ofensas, no caer en tentación y vernos libres de todo mal.

El Padrenuestro es el modelo de toda oración: está completamente inspirada por el Espíritu Santo y destinada por Cristo Jesús para ser la oración distintiva de los cristianos de todos los tiempos.

En esta cuarta petición pedimos a Dios lo necesario para la vida diaria: alimento, vestido, hogar, salud, amor. Algunos tienen estas cosas, piden que no les falten. Otros tienen en abundancia, piden el pan de la pobreza evangélica para no apegarse a las riquezas. Otros carecen de ellas, viven de la Providencia, con la confianza de que Dios proveerá.

Cristo nos dijo: “Yo soy el Pan vivo que ha bajado del Cielo”. Y la mayoría de los Santos Padres ha interpretado el pan de cada día referido a la Eucaristía. Benedicto XVI, en el Corpus del 2010 decía: “El pan hoy es el pan normal y también el pan “supersubtancial”, el pan “del mundo que vendrá”. El Papa Benedicto no inventó el término “supersubtancial”. Así viene en el texto de la Biblia Vulgata, versión en latín, aprobada por Clemente VIII (+1605) y todavía vigente hoy (Mt 6,11).

También los estudiosos de la Biblia dicen que, al pedir el pan de cada día, los cristianos estamos pidiendo el Pan de la Palabra de Dios, alimento invisible del cristiano. Pedimos un corazón abierto, capaz de escuchar lo que cada día Dios espera de nosotros. Dios sigue hablando al hombre de hoy, por eso debemos acrecentar nuestro gozo por escuchar su Palabra y por nutrir nuestra vida con ella.

Otros autores nos invitan a reflexionar en la necesidad que tenemos de pedir cada día el Espíritu Santo, Señor y dador de vida. El Espíritu Santo es la fuerza que nos viene de lo alto y que nos es indispensable para caminar por el desierto y para cumplir la misión que a cada uno Dios nos encomienda. Los Apóstoles salieron a dar testimonio y predicar una vez que recibieron al Espíritu Santo. Nosotros hoy lo necesitamos para compartir con ardor el amor de Cristo que hemos experimentado al rezar el Padrenuestro.

Pedimos todo esto diciendo el pan de hoy, porque la vida humana se vive cada día y porque cada día tiene su propio afán. Así recordamos lo frágil de la vida que pasa como un río.

Si tienes cerca Misa diaria, ve por tu Pan cotidiano: Cristo Eucaristía.