BenedictoXVI VaticanMedia 18062019Padre Pegueros: “¿Qué dice Benedicto sobre el Judaísmo?... ¿Cuál es el pensamiento del Papa emérito Benedicto XVI sobre la religión judía?... ¿Tiene contacto con algunos rabinos?... que el Señor bendiga al Papa y a usted…”

José Ponce Cortés (Morelia).

Aquel joven sacerdote alemán que el Cardenal Frings, Arzobispo de Colonia, llevó al Concilio Vaticano II como consejero, y que se convirtió en uno de los peritos más jóvenes de ese Concilio, a sus 92 años cumplidos sigue siendo un gran teólogo y maestro de vida cristiana que nos ilumina con su pensamiento lúcido.

Un día antes de su cumpleaños, apareció en Roma un libro de Benedicto XVI, de Editorial San Pablo, con el título de ‘Hebreos y cristianos’. El encargado de la edición es un amigo personal y biógrafo de Joseph Ratzinger, Elio Guerriero. Se compone el libro de tres partes: la primera es un importante artículo del Papa Emérito; la segunda recoge la correspondencia entre el Papa y el rabino principal de Viena, Folger; la tercera recoge documentos sobre el diálogo entre judíos y cristianos a partir de la del documento del Vaticano II sobre la Religión Judía (Nostra Ætate, 4).

El artículo del Papa Benedicto es largo, pero muy significativo, comenzando por el título: “Gracia y llamamiento sin arrepentimiento”, donde el Papa Benedicto afirma, como el Vaticano II, lo que dice San Pablo sobre sus hermanos de sangre, a quienes pertenecen la adopción y la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas; y también los patriarcas, y de quienes procede Cristo según la carne (Rom 9,4-5).

También aparece el documento titulado “Entre Jerusalén y Roma”, que es el primer reconocimiento oficial de parte de los judíos de esta nueva relación de confianza y de amistad entre las dos religiones en diálogo. Cuando el Papa Francisco recibió este documento de parte de los rabinos, hizo esta declaración: “De enemigos y extraños, hemos llegado a ser amigos y hermanos”. Los rabinos acogieron esta síntesis y la hicieron suya, por lo cual se trata de un documento de gran confianza que señala el principio de una fase nueva en la colaboración con nuestros hermanos.

Comentando la frase de Cristo que pide a su Padre el Jueves Santo: “Que sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17,21), el Papa Benedicto escribe: “La unidad que buscamos no es ni absorción ni fusión, sino respeto de la multiforme plenitud de la Iglesia, la cual, de acuerdo con la voluntad de su Fundador, Jesucristo, debe ser siempre una, santa, católica y apostólica. Esta consigna tuvo plena resonancia en la intangible profesión de fe de todos los cristianos: el Símbolo elaborado por los Padres de los Concilios Ecuménicos de Nicea y Constantinopla.

“El Concilio Vaticano II reconoció con lucidez el tesoro que posee Oriente y del que Occidente ha tomado muchas cosas; recordó que los dogmas fundamentales de la fe cristiana fueron definidos por los Concilios Ecuménicos celebrados en Oriente”.

En enero de este año, una pequeña delegación de rabinos visitó al Papa Benedicto y dialogaron amablemente.