01 16547 1024x495Padre Pegueros: “¿Jesús sentado a la derecha del Padre?... ¿Cómo se explica esta afirmación de que Jesucristo está sentado a la derecha de Dios?... ¿Se trata de algo corporal?... Dios lo bendiga…”

Familia Molina-Mora (Morelia).

Cada domingo, al iniciar nuestra Eucaristía, por dos veces proclamamos esta verdad de nuestra fe cristiana de que Jesús está sentado a la derecha del Padre. Lo afirmamos en el Gloria y en el Credo (tanto en su forma breve como en la más larga). Y la misma enseñanza la encontramos en San Pedro, los Evangelistas, San Pablo y la Carta a los Hebreos.

En el siglo IV le plantearon a San Agustín († 430) esta misma pregunta, el cual respondió que estar sentado a la derecha del Padre no debe tomarse de una manera carnal. Esta frase significa estar en la bienaventuranza “y en la bienaventuranza eterna, todos están a la derecha, porque no hay ninguna miseria”.

Así que, “sentado a la derecha del Padre” en el sentido figurado no tiene sentido corporal o de lugar, sino que se trata de una frase que indica el honor y la potestad dadas a una persona. La Iglesia la ha usado para significar la eternidad, la incorruptibilidad y la paz. San Juan Damasceno escribe: “Por derecha del Padre, entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos, como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después que se encarnó y de que su carne fue glorificada”. También significa “reinar con”; es tener el mismo poder de juzgar del Padre, porque Cristo (en cuanto Hombre) está sentado a la derecha de modo único e infinitamente superior a cualquier santo, incluida la Virgen María. Y además quiere decir que Cristo tiene el poder de juzgar a los vivos y a los muertos.

Cuando San Marcos escribe que “el Señor Jesús… fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios” (16,19), en sus palabras evoca el anuncio del salmo 109: “Siéntate a mi derecha, hasta que Yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies”. Lo había predicho Jesús: “Verán al Hijo del hombre sentado a la diestra de la Omnipotencia y venir de las nubes del cielo” (Mc 14,62). Del mismo modo el primer mártir, San Esteban, atestiguó: “Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está de pie a la diestra de Dios” (Hch 7,56).

San Pablo predica lo mismo sobre Jesucristo: “el que murió, más aún, el que resucitó, el que está a la diestra de Dios y que intercede por nosotros” (Rm 8,34). “Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo, a la derecha de Dios” (Col 3,1).

Profesando esta glorificación de Jesús, confesamos que ni el dolor ni la muerte son la última palabra sobre el destino de la humanidad. Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, hermano nuestro, ha vencido al pecado y a la muerte, es nuestro mediador, intercesor y protector, con el poder mismo de Dios.