pareja por via trenP. Pegueros: “¿Qué es el don de la libertad?... ¿No consiste el hecho de ser personas libres en poder decidirnos también por lo malo?... ¿Cómo entendió San Pablo la libertad de los cristianos?... Un saludo…”

Juan José Salazar Rocha (Universitario).

Miguel de Cervantes pone en boca de don Quijote: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”.

Para el Catecismo de la Iglesia Católica, “la libertad es el poder dado por Dios al hombre de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar de este modo por sí mismo acciones deliberadas. La libertad es la característica de los actos propiamente humanos”.

El hombre ha sido creado por Dios a imagen y semejanza suya. En lo que podemos ser semejantes al Creador, que es Amor, es en la capacidad que nos da de poder amarlo a Él y también al prójimo. Y todos entendemos que todo amor tiene que ser totalmente libre. Por eso nos ha regalado la libertad, aun cuando por esta facultad el hombre pueda llegar a rechazar a su Creador, porque la verdadera libertad implica siempre esa posibilidad de elegir entre el bien o el mal. La elección del mal es un abuso de nuestra libertad, que nos conduce a la esclavitud del pecado.

La libertad hace al hombre responsable de sus actos en la medida en que éstos son voluntarios, aunque la responsabilidad de nuestras acciones puede quedar disminuida o incluso anulada a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia soportada, el miedo, los afectos desordenados y los malos hábitos. Como San Pablo, hemos de reconocer cada anochecer que hemos hecho el mal que prometimos no hacer y dejamos de hacer el bien que teníamos el propósito de hacer.

San Pablo nos enseña en la Carta a los Gálatas lo que es la libertad cristiana. Habla de dos acontecimientos: el llamado “Concilio de Jerusalén” (2,1-10) y la controversia con San Pedro en Antioquía de Siria (2, 11-14).

En la primera ocasión, hubo un momento muy tenso para la Iglesia, dividida en cuanto a la observancia o abandono de las leyes mosaicas. Pablo expuso, con respeto a los Doce, su Evangelio de que los paganos, al bautizarse, se unían a Cristo el Salvador y no tenían necesidad de circuncisión ni de las leyes judías sobre los alimentos ni observar el sábado. La Nueva Alianza es la Sangre de Cristo el Redentor y es lo único que ahora justifica. No se trata de libertinaje, sino de la libertad de los hijos de Dios, cuya nueva Ley consiste en amar a Dios y amar al prójimo por Dios, especialmente a los más necesitados.

En el enfrentamiento de Pablo con Pedro en Antioquía se manifiesta la libertad interior del cristiano. Pedro piensa en no perder a los judíos convertidos y Pablo en no disminuir el valor salvador de la Muerte de Cristo. Sólo el diálogo sincero, abierto a la verdad del Evangelio, podrá orientar siempre el camino de la Iglesia que Jesucristo fundó sobre la roca de Pedro.