misa beso

P. Pegueros: “¿Qué significa el saludo inicial de la Misa?... ¿Quiénes compusieron esos diversos saludos con los que comenzamos hoy nuestra Eucaristía?... ¿No se podía decir simplemente: ‘Buenos días les dé Dios’?... Que Dios lo bendiga…”

Adrián Oropeza García (Morelia).

Cuando comenzamos la Santa Misa, antes de iniciar santiguándonos, el sacerdote hace un saludo en silencio, besando el altar, reconociendo que Cristo es el centro de toda nuestra celebración: Él es el que ofrece a su Padre este Santo Sacrificio y Él es el inmolado por nuestros pecados. Nuestra asamblea no es para celebrar algo nuestro, es para celebrar a Alguien, al Señor Jesús Resucitado.

Viene en seguida el saludo que el sacerdote dirige al pueblo y que éste contesta. En la actualidad hay buena diversidad de saludos que cambian según los Tiempos litúrgicos (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y Ordinario). Todos ellos expresan el mismo sencillo pensamiento: “El Señor esté con ustedes” y la respuesta “Y con tu espíritu”.

El sacerdote, por medio de este saludo aparentemente tan simple, manifiesta a la asamblea reunida la presencia de Jesucristo. Con este saludo y con la respuesta, queda expresado el misterio de la Iglesia congregada. Así nos lo prometió Jesús: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estaré Yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

Todos los saludos que nos presenta el Misal Romano están tomados de la Sagrada Escritura.

El fundamental, el que resume a otros: “El Señor esté con ustedes”, lo encontramos en el libro Rut. Fueron las palabras de saludo que dirigió Booz a sus segadores que trabajaban en su campo. Y ellos le respondieron “Que el Señor lo bendiga a usted” (2,4). Y, Jacob en su lecho de muerte, dijo a sus hijos: “He aquí que yo voy a morir, pero Dios estará con ustedes y los conducirá a la tierra de sus padres”. Dios mismo, y mucha veces, usa esa expresión para prometer su asistencia a Moisés, a los profetas y a los reyes de su pueblo.

En el Nuevo Testamento, San Lucas nos dejó el saludo del Arcángel Gabriel a la Virgen María:

“¡Dios te salve, llena de gracia. El Señor está Contigo!” (Lc 1,28).Consagradas de este modo por mensajes divinos, estas palabras pasaron al lenguaje cristiano. San Pablo gusta concluir sus Cartas de este modo: “Que el Dios de la paz esté con todos ustedes” (Romanos). “El Dios de paz y amor estará con ustedes” (Corintios). La misma forma de saludo final viene en las Cartas a Timoteo, a los Gálatas, a los Filipenses y a Filemón.

Ni los sacerdotes ni los fieles cristianos debemos dejar que este saludo litúrgico se nos convierta en algo rutinario, ya que por su sencillez corremos ese peligro. Cuando los sacerdotes dirigimos ese voto a todos los fieles, hemos de saborear toda la profundidad de lo que estamos rezando.

Y cuando ellos nos contestan “Y con tu espíritu”, han de sentir que es su mejor oración por sus sacerdotes porque el espíritu designa el elemento más noble que toda persona humana ha recibido de Dios