¿Qué pasó en el anuncio del Vaticano II?

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Padre Pegueros: “¿Qué pasó en el anuncio del Vaticano II?... ¿El Papa Bueno, Juan XXIII, decidió convocarlo después de consultas o se trató de una inspiración personal?... ¿Cómo reaccionaron sus colaboradores más cercanos?... Saludos…”

Isidro Salas Lemus (Morelia).

Este 25 de enero pasado, celebración de la Conversión del Apóstol San Pablo, se cumplieron 60 años del anuncio que hizo el Papa San Juan XXIII de su decisión de convocar en Concilio de la Iglesia universal.

El 25 de enero de 1959, cuando tenía apenas 90 días de Pontificado, acudió a la Basílica de San Pablo para celebrar la fiesta de la Conversión del Apóstol San Pablo. Después de la solemne Misa Pontifical, donde había recordado el último día del Octavario de Oración por la Unidad de todos los Cristianos, el Papa pidió a los Cardenales que lo habían acompañado en la celebración que pasaran a la Sala Capitular de ese antiguo monasterio benedictino. Ahí les comunicó su voluntad de celebrar un Sínodo Diocesano para el Clero de Roma, de reformar el Código de Derecho Canónico y de convocar a toda la Iglesia a un Concilio.

Habían pasado 90 años de la apertura del Concilio Vaticano I, que declaró interrumpido Pío IX por razones de guerra entre diversos países. La idea de continuarlo la manifestaron tanto Pío XI como Pío XII. Pero el propósito del Papa Roncalli iba mucho más lejos del de sus predecesores. Le preocupaba más el poner al día a la Iglesia, buscar la unidad de todos los bautizados en Cristo y que el Vaticano II fuera un Concilio pastoral, sin condenaciones.

Ese día, el Papa Bueno pidió a quienes lo asistían a revestirse para la Santa Misa: “Denme los ornamentos más bellos porque hoy será una jornada excepcional, tengo que dar un anuncio muy grande”.

Que el Papa encontró algunas dificultades entre los que lo rodeaban es hoy algo que nadie niega, pero era algo que todos podían esperar. El mismo Papa con mucha sinceridad nos descubre más tarde la verdad de los hechos: “Humanamente se podía pensar que los Cardenales, oída la alocución, se apretarían en derredor nuestro para expresarnos su aprobación y augurios. Se produjo, en cambio, un impresionante, devoto silencio. La explicación sólo se dio los días siguientes, cuando los purpurados, en la audiencia, hubieron de decirnos en síntesis: Fue tan intensa nuestra emoción y tan profundo el gozo por un don tan precioso como inesperado que el Señor hacía a su Iglesia por obra del nuevo Papa, que no hallamos palabras adecuadas para manifestar el júbilo y la obediencia sin límites. Estamos prontos para el trabajo”.

Palabras apasionantes para la Historia de la Iglesia por lo que dicen y por lo que sucedió después en las cuatro Sesiones del Vaticano II.

Dios, nuestro Padre, que creó el mundo de la nada puso también al hombre en un jardín para que le “ayudase” a cultivarlo. Dios ama el trabajar en compañía de los hombres y sigue llamando ayudantes de sus obras. A San Juan XXIII lo llamó para iniciar esta primavera de su Iglesia