¿Qué es la caída de los ángeles?

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P. Pegueros: “¿Qué es la caída de los ángeles?... ¿Qué nos enseñan las Escrituras sobre este tema?... ¿Tiene el demonio tanto poder como muchos hoy lo afirman?... ¿Cómo podemos los cristianos vencer al demonio?... Lo saludamos en Cristo Jesús…”

Familia Ortiz-Salazar (Morelia).

En la Biblia encontramos, desde las primeras páginas, numerosas afirmaciones sobre la existencia de los ángeles, creaturas de Dios que son espíritus puros, es decir, que son inmateriales. Dios los creó, como todas las cosas, para su gloria y servicio.

Y como Dios es todo amor, servirlo a Él significa amarlo. Por lo cual creó a los ángeles dotándolos de libertad, porque jamás puede haber amor a la fuerza. Hablar sobre la caída de los ángeles es reflexionar el misterio de la libertad que algunos de ellos utilizaron contra su Creador y contra su plan de salvación respecto a los hombres.

La narración del Génesis sobre el pecado del hombre también haciendo mal uso de su libertad, nos presenta el enfrentamiento que satanás quiere comunicar al hombre para que sea rebelde como él: (Gn 3,5). Y también en la historia de Job (2,5.7), aprovechando el sufrimiento, lo invita a rebelarse.

La Iglesia, en el Concilio Lateranense IV (1215), afirma que satanás y los otros demonios “han sido creados por Dios ángeles buenos, pero que se han hecho malos por su propia voluntad”. Y San Pedro habla de “ángeles que pecaron” y que Dios “no perdonó, sino que, precipitados en el infierno, los entregó a las cavernas tenebrosas, reservándolos para el juicio”. (2Pe, 2,4). Cuando se dice que “no los perdonó” es porque los ángeles tenían la capacidad necesaria para decidir de una vez por todas. No tenían las limitaciones de la materia, como nosotros los hombres.

Los ángeles que permanecieron fieles a Dios, capitaneados por el Arcángel San Miguel, que significa “¿Quién como Dios?”, proclamaron su voluntad de amar por siempre a Dios y ser fieles servidores suyos. Ahora son “sus mensajeros y amigos de los hombres de buena voluntad”. En cambio los demonios son nuestros encarnecidos enemigos, llenos de envidia porque los planes divinos de salvación para todos los hombres comenzaron a cumplirse con la venida de Cristo al mundo en nuestra carne mortal.

La Iglesia reconoce, en nuestros días, que “toda entera la historia humana está invadida por una lucha tremenda contra las tinieblas; lucha que comenzó desde el desde el principio del mundo y durará hasta el último día” (Gaudium et spes, 37).

Es tan inquietante la fuerza del mal en el mundo, que algunas doctrinas religiosas han imaginado la existencia de un dios malvado, independiente y en confrontación con el Dios bueno, único y verdadero. La Iglesia rechaza esta manera de pensar.

Dos batallas ha ganado el demonio hoy en día: hacer creer a unos que tiene poder ilimitado y a otros que él no existe. Ambos son inventos del “mentiroso y padre de la mentira”.

Cristo no enseñó que para vencer al demonio necesitamos rezar, ayunar y vigilar. El Padrenuestro termina: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”.