¿A qué llamamos Divina Providencia?

jesus dios

Padre Pegueros: “¿A qué llamamos Divina Providencia?... ¿Si Dios tiene cuidado de todos y de todo, qué tenemos que hacer nosotros?... ¿Qué nos enseñan las Escrituras sobre este tema?... el Señor lo bendiga y lo guarde…”

Albino Coria Aguilar (Morelia).

El antiguo Catecismo del Cardenal Gasparri enseñaba: “El cuidado que Dios tiene de todas las cosas creadas, especialmente del hombre, se llama la Divina Providencia”.

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: “La Providencia Divina consiste en las disposiciones con las que Dios conduce a sus criaturas a la perfección última, a las que Él mismo las ha llamado. Dios es el autor soberano de su designio.”

Dios creó el mundo con todo cuanto contiene, lo conserva y lo gobierna. No es posible pensar en Dios Creador que pueda olvidarse y abandonar su obra a su propio destino. Su acción, por el contrario, está continuamente presente por su Providencia; tiene cuidado de todo, desde las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos del mundo y de la historia. El libro de la Sabiduría (14, 3-4) describe a la Providencia que guía una barca en el mar: “Es tu Providencia, Padre, quien la guía, pues también en el mar abriste un camino, una ruta segura a través de las olas, mostrando así que de todo peligro puedes salvar, para que hasta el inexperto pueda embarcarse”.

El mal, el desorden, el dolor, el sufrimiento no eran parte de los planes providentes de Dios.

Él no los quiere. Entraron por el pecado del hombre. Dios los permite para nuestra salvación. “Dios todopoderoso, al ser sumamente bueno, no permitiría nunca que cualquier tipo de mal existiera en sus obras, si no fuera suficientemente poderoso y bueno para sacar bien del mismo mal” (San Agustín).

Jesucristo al ver las angustias de los hombres por las necesidades diarias de comida, de vestido, nos enseñó a poner nuestra confianza en el Padre y su Providencia. Nos puso el ejemplo de los pájaros que no siembran, ni recogen en graneros y nunca se muere uno solo de hambre. Y los lirios del campo que no hilan y ni Salomón en sus mejores días se vistió como ellos. Y nosotros valemos más que las hierbas del campo y que los pajaritos. Vale la pena leer el pasaje en Mt 6, 25-31 o en Lc 12, 22-31.

Santa Teresa de Calcuta escribió: “La confianza en la Divina Providencia es la fe firme y viva en que Dios nos puede ayudar y lo hará. Que nos puede ayudar es evidente, porque es omnipotente. Que nos ayudará es seguro, porque lo ha prometido en muchos lugares de la Sagrada Escritura y es fiel a todas sus promesas”.

También le toca a cada uno de nosotros colaborar con los planes providenciales de la Trinidad Santa. Como nos enseña Jesús: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y lo demás lo recibirán por añadidura” (Mt 6,33).

Recemos diario: “Tu Divina Providencia se extienda en cada momento para que nunca nos falte casa, vestido y sustento y la gracia del divino Sacramento”.