¿Teresa de Ávila es la Santa de la Alegría?

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P. Pegueros: “¿Teresa de Ávila es la Santa de la Alegría?... ¿No tuvo una vida llena de sufrimientos y contrariedades por su obra de reformar la vida de Religiosos y Religiosas Carmelitas?... Bendíganos, Padre…

Familia de devotos de la Virgen del Carmen (Morelia).

Toda persona –incluidos los no creyentes– que se acerca sin prejuicios a la figura de Santa Teresa de Jesús queda subyugado ante ella. La razón de la admiración que despierta es por su condición de una Santa humanísima. Con una humanidad tan a flor de piel, que se hace celestial sin afectación.

Santa Teresa nos recuerda, con sus escritos y su vida, que nuestra vocación más natural y sincera es la santidad (también la más defraudada). Una de sus Carmelitas reformadas la describe: “era muy discreta y alegre, con gran santidad, y enemiga de santidades tristes y encapotadas”. De Santa Teres es la frase: “Un santo triste es un triste santo”.

Cuenta una anécdota que, yendo Santa Teresa a firmar las escrituras de una fundación suya, preguntó al escribano, después de hechas, cuánto se le debía. Éste le dijo con desparpajo: “Solamente un beso”. Y la Santa se lo dio, natural y sonriente, al tiempo que exclamaba: “Nunca una escritura me salió tan barata”.

El pueblo cristiano ha visto en Santa Teresa de Ávila la Santa del buen humor, de la gracia, de la jovialidad. Estaba dotada por Dios de un carácter espontáneo, cordial, afable y alegre.

Al pintor que la retrató, un fraile Carmelita, le dijo: “Dios te perdone, Fray Juan, que ya que me pintaste podías haberme sacado menos fea y legañosa”.

Hay en ella un sentido lleno de alegría en su relación con Dios que llamó sabrosamente: “engolfarse en Dios”. Pero este alzarse hasta Dios no lo logra desprendiéndose de su humanidad, sino viviendo con sencillez y naturalidad esa “conversación” divina. Cuanta mayor es su intimidad con “Su Majestad”, las cualidades humanas de Teresa se destacan y aparecen más claras.

Tuvo muchas dificultades en la obra de reforma que Dios le encomendó, pero el buen humor nunca la abandonó. En una ocasión que regresaba después de sufrir un tropiezo o descalabro, fue directo al sagrario y se quejó: “Señor, si así tratas a tus amigos… ¡con razón tienes tan pocos!” La frase revela, además de su humor teresiano, la naturaleza de su amistad con Jesús: una amistad sacrificada y paciente, toda llena de confianza.

Jesús nos enseña, en su primer sermón, las Bienaventuranzas. Toda la alegría de amar a Dios, en pobreza, humildad, misericordia, paz, limpieza de corazón. La palabra “evangelio” significa “buena noticia”. Y la Iglesia es esencialmente evangelizadora.

María también nos enseñó a rezar: “Mi alma se alegra en Dios mi Salvador…”

San Pablo escribe a sus cristianos y a nosotros: “Alégrense siempre en el Señor. Se lo repito: Alégrense”. El fruto más preciado de la vida cristiana es la alegría.

Y Santa Teres: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa. Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene, nada le falta; solo Dios basta”.