¿Cuándo beatifican a Juan Pablo I?

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P. Pegueros: ¿Cuándo beatifican a Juan Pablo I?... ¿Cuál fue la verdadera causa de su muerte tan repentina?... lo saludamos en el Señor que vino a salvarnos…”

Familia Campos-Mendoza (Pátzcuaro, Mich.).

Hace cuarenta años, en sólo dos meses y diez días, en la Iglesia Católica tuvimos tres Papas: San Pablo VI que murió el 6 de agosto 1978, Juan Pablo I, electo el 26 de agosto, que murió 33 días después, y San Juan Pablo II, electo el 16 de octubre.

El jueves 9 de noviembre de 2017 el Papa Francisco firmó el decreto que reconoce las virtudes heroicas de Juan Pablo I y lo declara como Venerable. De esta manera se abren las puertas para su Beatificación. El siguiente paso será cuando se le reconozca un milagro debido a su intercesión. Todos esperamos en Dios que será pronto, dada la simpatía que despertó en el mundo en sus pocos días de Papa.

El Venerable Juan Pablo I, cuyo nombre era Albino Luciani, había nacido en un poblado cerca de Belluno (Italia), el 17 de octubre 1912. Fue ordenado Sacerdote el 7 de julio de 1935 y doce años después fue a Roma y se graduó de doctor en Teología por la Universidad Gregoriana. En 1948 San Juan XXIII lo nombró Obispo de Vittorio-Véneto y como tal participó en el Concilio Vaticano II.

San Pablo VI lo nombró Patriarca de Venecia en 1969 y lo hizo Cardenal en marzo de 1973. Cinco años después, los Cardenales lo eligieron Papa, tomando él como nombre Juan Pablo para indicar que deseaba continuar la obra realizada por sus dos antecesores.

Lo encontraron muerto en su cama a las 5:30 horas del 29 septiembre. Durante algún tiempo circularon rumores de que había sido asesinado; sin embargo, esos rumores deben ser hoy completamente descartados.

El Postulador de la Causa de Beatificación, Mons. Enrico dal Cavolo, Rector de la Universidad Lateranense de Roma, ha declarado que nunca se dieron razones válidas.

La Vicepostuladora, Stefania Falasca, que es periodista italiana, publicó hace poco un libro: “Crónica de una muerte”, con prólogo del Cardenal Secretario de Estado Piero Parolin. Por sus investigaciones recogidas, concluye: “La verdad pura y dura es el diagnóstico del doctor Buzzonetti, de que el Papa murió por un fallo en la circulación de la sangre que provocó un infarto. Ese miércoles 28, durante la Audiencia, tuvo un fuerte dolor, pero fue mal atendido y desde mucho tiempo atrás”.

La vida de este gran Papa no puede ser valorada por sus últimas horas. Ha dejado una huella indeleble. Pasó por la Iglesia y por el mundo como un cometa que despide una luz que permanece: encendió en los corazones una gran esperanza, como un arco iris maravilloso cargado de ilusiones para una humanidad pobre, cansada, dividida, sin paz.

En el corto espacio de su ministerio papal, cumplió con la misión que Dios le encomendó: darle a la Iglesia un camino más evangélico, lleno de serenidad y de luz.

Los italianos lo bautizaron “el Papa de la sonrisa”. El mundo lo llamó: “la sonrisa de Dios”.