¿Por qué Cristo es “la puerta de las ovejas”?

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Padre Pegueros: “Cristo es la puerta de las ovejas… ¿En qué sentido afirmó nuestro Señor esto sobre Sí mismo?... ¿Por qué llamamos a María “Puerta del Cielo”?… Saludos…”

Octavio Leal Castro (Salvatierra, Gto.).

Todos sabemos lo que es una puerta: basta una abertura en la pared por la que se pueda pasar al otro lado. Es la “brecha abierta” en la muralla por la que escapa sin obstáculo el resto de Israel como un rebaño (Miq 2,13). Las poterías en el fútbol también se llaman puertas.

En el Antiguo Testamento “puerta” aparece más de 350 veces. Una puerta sirve de tránsito para entrar y salir, aunque en nuestro tiempo, ante tanta inseguridad, rara vez vemos una casa con puertas abiertas, como era común en todas partes al comenzar una nueva jornada. Hoy en día se han multiplicado los cerrojos y candados.

Cristo, según el Evangelio de San Juan (10, 1-10), escoge esta imagen que va desarrollando en diversos sentidos. Para comenzar, encontramos que Cristo dice: Yo soy. Una afirmación que nuestro Señor repite en distintas ocasiones y que nos trae a la mente cuando Dios le dijo su nombre a Moisés: “Yo soy el que soy” (en hebreo, Yahvé). Jesús declara de este modo su divinidad. Él es verdadero Dios sin dejar de ser verdadero hombre: “Yo y el Padre somos una misma cosa” (Jn 10,30).

Jesús como Buen Pastor es dueño de nuestra vida, de nuestro corazón. Él puede entrar cuando quiera, siempre nos traerá cosas muy buenas y nunca nos hará daño. El problema está de parte nuestra. Hay tantas cosas que nos distraen, que oímos la voz de nuestro Pastor pero no guardamos sus palabras en nuestro corazón y no producen fruto.

Comentando este pasaje del Evangelio de San Juan, en una Misa en Santa Marta, el Papa Francisco dice: “La puerta del Reino es Jesús, y quien no entra por esta puerta se equivoca”. Pero, ¿cómo entender que la puerta verdadera es Jesús? “Toma las bienaventuranzas y haz lo que dicen, entonces serás humilde, pobre, manso, has entrado por la verdadera puerta”, responde el Papa.

Jesús no sólo es la única puerta, es también el camino, la vía; es la verdad y la vida abundante para todas sus ovejas que en el Bautismo han oído su voz y han decidido seguirlo. Es una puerta hermosa, es una puerta de amor, es una puerta que no nos engaña, que no es falsa. Siempre nos dice la verdad, con ternura y amor.

“La puerta es el Hijo, la llave de la puerta es el Espíritu Santo y la casa es la del Padre”, escribió San Simeón el Nuevo Teólogo († 1022), monje ortodoxo. Hemos de seguir a Cristo, llevando nuestra cruz de cada día, guiados por el Espíritu Santo para llegar de nuevo a las manos del Padre, de donde salimos.

El Espíritu Santo que reveló los misterios divinos a los Apóstoles, también los ha revelado a los pobres y humildes que han invocado a María, “Puerta del Cielo”, paso perfecto para ir a Jesús, puerta hacia Dios.