¿Por qué Jesús, de 12 años, se quedó en Jerusalén?

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P. Pegueros: “¿Por qué Jesús, de 12 años, se quedó en Jerusalén?... ¿Por qué no les avisó a María y a José de su decisión?... ¿Cómo se entiende este misterio de Cristo?... saludos…”

Luis Villanueva García ( Morelia)

San Lucas nos presenta la peregrinación del Niño Jesús a Jerusalén, junto con María y José, como el último de los relatos de la infancia (Lc 2, 41-52). Es una página significativa porque es el hecho que separa la infancia y la vida familiar de Jesús de su vida pública.

Parecería una simpática “escapada” de Jesús, a sus doce años; pero en realidad está lleno de valores simbólicos. Encontramos aquí las únicas palabras de Cristo, recogidas por los Evangelistas, en los primeros 30 años de su vida oculta, unas palabras que dan a conocer la misión divina encomendada a este adolescente judío.

Toda la vida de Cristo es acontecimiento de salvación: lo que es visible en su vida terrena conduce a su Misterio invisible., sobre todo al Misterio de su condición de Hijo de Dios: “El que me ve a mí, ve al Padre” (Jn 14,9).

Cada año José y María iban a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. El Niño iba con ellos. Pero en esta ocasión, Jesús cumplía 12 años, edad en que un judío pasaba a ser adolescente o “hijo de la Ley”, debiendo cumplir esa Ley gradualmente. Jesús da este paso con toda conciencia de su filiación divina. Es un paso discreto, pero muy importante.

Al dejar partir a sus padres hacia Galilea, sin avisarles de su intención de permanecer en Jerusalén, Jesús los introduce en el misterio que lleva a la alegría, lo que realizará con los discípulos mediante el anuncio de su Resurrección.

María y José sufren, no saben nada del motivo de su ausencia. Angustiados regresan buscándolo y lo encuentran en medio de los doctores de la Ley: pregunta, escucha y enseña con una sabiduría muy especial que admira a todos.

María le dice: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira como tu padre y yo, angustiados, te buscábamos”. Se podría descubrir aquí el eco de los “porqués” de tantas madres ante los sufrimientos que les causan sus hijos.

La respuesta de Jesús es densa de significado: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme en las cosas de mi Padre?”

Con esa expresión, Jesús revela a María y a José, de modo inesperado e imprevisto, el misterio de su Persona, invitándolos a superar las apariencias y abriéndoles horizontes nuevos sobre su futuro.

En la respuesta a su madre angustiada, el Hijo revela enseguida porque se comportó así. María había dicho: “Tu padre”, designando a José; Jesús responde: “Mi Padre” refiriéndose al Padre celestial.

Jesús, al referirse a su filiación divina, afirma que el templo, casa de su Padre, es el “lugar” natural de su presencia y que Él debe ocuparse en cumplir la voluntad de su Padre.

“María conservaba todo meditándolo en su corazón”. Nosotros, sus hijos, hemos de hacer lo mismo ante todos los misterios de Jesús.