¿Existe realmente el demonio?

Copieñk

P. Pegueros: “¿Existe realmente el demonio?... ¿No son cosas de la Edad Media?... ¿Cuál es el origen del diablo según la Sagrada Escritura?... bendíganos, Padre…”

Familia Camargo – Palomino (Morelia).

“El diablo existe también en el siglo XXI y debemos aprender del Evangelio como luchar contra él para no caer en la trampa. Para hacerlo no hay que ser ingenuos”, nos aconseja el Papa Francisco que de Sacerdote jesuita, de Cardenal de Buenos Aires y ahora de Pontífice sigue insistiendo en esta verdad de fe cristiana.

No cabe duda que el demonio, “homicida desde un principio…mentiroso y padre de la mentira” como lo define Cristo (Jn 8,44), ha ganado dos grandes batallas en el mundo moderno. A muchos ha hecho creer que él no existe, así se acerca a ellos y los toma desprevenidos y desprovistos. El segundo engaño es hacer creer, a muchos también, que él tiene un poder ilimitado. Tiene poder, pero no deja de ser creatura, sujeta a su Creador y Dios no permite que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas.

En muchos lugares de la Escritura encontramos la presencia del “tentador”. Ya el primer pecado, que hundió en la desgracia al género humano, fue cometido por sugestión de satanás. “Por envidia del diablo entró la muerte al mundo” (Sab 2,24). El demonio indujo a Judas a la más negra traición (Jn 13,27) y a Ananías a engañar al Espíritu Santo (Hechos 5,3). Él arrebata la semilla de la palabra divina del corazón del hombre para que no crea y no logre salvarse (Lc 8,12). Y anda rondando por el mundo, como león rugiente buscando a quién devorar (1Pe 5,8).

La palabra ángel significa enviado, nuncio, mensajero. Los ángeles son creaturas celestiales, solamente espíritus, superiores al hombre que es espíritu y materia, pero inferiores a Dios.

Según la Biblia y la Tradición de la Iglesia, todos ellos fueron sometidos a una prueba: como Dios es amor, los creó libres, capaces de amar o rechazar. Se trabó una gran batalla en el cielo, como dice san Juan (Ap 12). Un grupo se rebeló y no aceptó los planes de Dios, capitaneados por Satanás, el príncipe de los demonios, se alejaron de su Creador. Otros, siguiendo al Arcángel san Miguel, que significa “quién como Dios”, aceptaron con humildad los planes amorosos del Señor.

El Concilio Lateranense IV (1215), enseña que los demonios “han sido creados buenos por Dios, pero se han hecho malos por su propia voluntad”. El tipo de pecado que cometieron sigue siendo materia de estudio. Santo Tomás enseña que fue pecado de soberbia. Siendo espíritus puros sólo tenían inclinaciones espirituales. Pretendían ser iguales a Dios. Es la falsa promesa que hicieron a nuestros primeros padres, si desobedecían.

Suárez y otros teólogos sugieren que Dios les reveló la Encarnación del Hijo y que habían de adorar a un Dios hecho niño, lo cual no admitieron. Los ángeles fieles dijeron con san Miguel: ¿Quién como Dios? Y en Belén apareció una gran multitud de ellos.

La vigilancia y la oración nos protegen contra las tentaciones del demonio que nunca se acaban.