¿Por qué Pedro traicionó a Jesús?

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P. Pegueros: “¿Por qué Pedro traicionó a Jesús?... ¿Por qué, al verlo Resucitado, no le pidió perdón por su pecado?... ¿Por qué Jesús confió su Iglesia a Pedro?... Saludos…”

José González Díaz (Téjaro, Mich.).

Cuando Judas llega al Huerto de los Olivos para entregar a Jesús a sus enemigos, Pedro se despierta y su primera reacción es tomar una espada (sabrá Dios de dónde la había sacado), y con ella le corta una oreja a un siervo del Pontífice Anás. Cristo cura al herido y condena la violencia. Entonces lo detienen “y todos los discípulos huyeron”. Pedro también, a pesar de sus promesas. Pedro y Juan siguen de lejos a Jesús. ¿Para qué? Ni ellos mismos lo sabían muy bien. Su amor a Cristo los hace ponerse en peligro.

Las tres negaciones de Pedro en la casa de Anás son narradas por los cuatro Evangelistas. La primera negación es una simple evasiva: “No entiendo lo que dices” La segunda es grave; bajo juramento dice: “No conozco a ese hombre”. Pero la tercera no tiene subterfugios: “Comenzó a maldecir y a jurar: yo no conozco a ese hombre”. En pocas horas, Pedro ha ido de caída en caída. Lo despierta el canto del gallo, anunciado por Jesús: “Antes de que el gallo cante, tú me habrás negado tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente”.

Al volver en sí comienza para Pedro una tentación más terrible que las anteriores: la desesperación. Judas también se arrepintió de su traición y reconoció que había entregado Sangre inocente, pero se desesperó y se ahorcó. Pero a Pedro una mirada de Jesús lo salvó.

Los ojos de Jesús, que no lograron desarmar a Judas, producen un vuelco total en el corazón de Pedro, quien no olvidaría, en toda su vida, esa mirada de su Maestro, llena de amor y de misericordia.

Hasta su muerte, Pedro recordaría aquellas palabras de Jesús: “Simón, Simón, he aquí que Satanás los ha reclamado para cribarlos como el trigo. Pero Yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú, cuando te conviertas, confirma en la fe a tus hermanos”. Esa mirada de Jesús le dijo más que mil palabras. Lo hizo reconocer su debilidad humana y la fuerza del demonio que aprovechó su imprudencia y su presunción: “Si todos se escandalizan de Ti, yo nunca me escandalizaré”.

Los motivos que tuvo Jesús para confiarle a Pedro su Iglesia entran en el misterio de la Misericordia de Dios, que decide salvar al hombre del pecado y de la muerte. Humanamente, el pecado de Pedro es mayor que el del resto de su Apóstoles. Ellos escaparon, pero Pedro renegó del Señor: “No lo conozco”. Sin embargo, a la orilla del lago de Galilea, Jesús Resucitado le confía el cuidado de su Iglesia. Por tres veces le pregunta si lo ama. Pedro, con humildad responde: “Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes bien que te amo”.

Los errores y los pecados de Pedro no fueron obstáculo para Jesús. Así nos enseña que Dios siempre perdona y nos extiende sus brazos de Padre.