¿Cómo procede el Espíritu del Padre y del Hijo?

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P. Pegueros: “¿Cómo procede el Espíritu del Padre y del Hijo?... Cada domingo, en el Credo, proclamamos esta verdad… ¿Qué relación tiene para nuestra vida cristiana?... Lo saludamos en el Señor Jesús...”

Vidal Padilla Ávila (Zitácuaro).

El Credo que salió del Concilio de Nicea (325) decía: “Creo en el Espíritu Santo”. El Concilio de Constantinopla (381) añadió: “que procede del Padre”. La fórmula más completa: “que procede del Padre y del Hijo” ya presente en antiguos textos fue asumida por el Sínodo de Aquisgrán el año 809 y aceptada más tarde por Roma en 1014; así se hizo universal.

Era una puntualización, que no cambiaba en nada la sustancia de la fe antigua sobre el Espíritu Santo, la tercera Persona de la Santísima Trinidad, en todo igual al Padre y al Hijo, sin ninguna diferencia ni distinción. Pero es muy importante para todo bautizado reflexionar en el origen del Espíritu Santo por el cual fuimos consagrados hijos adoptivos del Padre en su Hijo Único Jesucristo.

Tratándose de Dios es necesario liberar la palabra “origen” de toda referencia al orden creado y temporal. Hemos de excluir la comunicación de la existencia a alguien y también el paso del no ser al ser o el ser mayor o superior. En Dios todo es eterno, fuera del tiempo; por tanto el origen del Espíritu Santo, como el del Hijo, es eterno. Las tres divinas personas tienen la misma substancia, son un solo Dios.

Los Santos Padres encontraron una palabra: procesión, para explicar lo que distingue al Espíritu Santo del Padre y del Hijo. Lo que lo distingue del Padre es que procede de Él (¡uno es quien procede, otro es aquel de quien procede!). Lo que lo distingue del Hijo es que procede del Padre (“engendrado, no creado”). Las tres divinas personas son realmente distintas entre sí por sus relaciones reciprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo.

Lo importante para nuestra vida diaria de cristianos es vivir convencidos de que el Espíritu Santo no es el pariente pobre de la Trinidad. Es Dios como el Padre y el Hijo. Cuando el Padre crea, y lo sigue haciendo a diario, con Él crean también el Hijo y el Espíritu Santo. Cuando el Hijo redime, también lo hacen el Padre y el Espíritu Santo. Y cuando el Espíritu Santo santifica, con Él lo hacen el Padre y el Hijo.

Ningún bautizado puede ignorar en su vida que todo cuanto poseemos en el orden de la gracia es don y beneficio del Espíritu Santo. Escribe san Pablo: “Hay diversidad de dones, pero uno mismo es el Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero uno mismo es el Señor. Hay actividades diversas, pero uno mismo es Dios que obra todas las cosas en todos. Y a cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad” (1 Cor 12,4-7).

Este convencimiento nos traerá una profunda humildad y una gran confianza en la ayuda de Dios que es Espíritu-Amor.