¿No es ateo el que sólo sirve al dinero?

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P. Pegueros: “¿No es ateo el que sólo sirve al dinero?... ¿Cuál es el plan de Dios sobre los bienes terrenales que Él mismo nos da?... ¿Es malo preocuparse por estos bienes?... Lo saludamos en el Señor…”

Familia Zepeda-Rincón (Morelia).

Hay un pasaje muy interesante de San Mateo (6, 24-34): “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no le hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero”.

Con estas palabras, Cristo establece un principio de sentido común. Nos pone el ejemplo de dos señores exigentes, que solicitan de la persona una dedicación total. Como esos señores tienen intereses totalmente opuestos y exigen cosas contrarias, es imposible complacerlos a los dos. De ahí la imposibilidad de un compromiso entre Dios y las riquezas.

El servicio de Dios exige una entrega total, y el apego esclavizante a la seducción de las riquezas es uno de los mayores obstáculos para el servicio amoroso a Dios.

También denuncia Jesús el carácter seductor y casi demoniaco que tienen las riquezas. Las fuerzas humanas no bastan para oponerse a la fuerte seducción que ejerce el dinero. Pero lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. Nuestra oración debe pedirle su ayuda amorosa de Padre.

Cuando una persona sólo vive para acumular dinero se aleja poco a poco de Dios. No lo niega, pero la soberbia lo lleva a olvidarse de Dios, no lo necesita para nada porque piensa que está seguro y ya lo tiene todo. Se les llama ateos prácticos.

En este mismo pasaje de San Mateo, Cristo nos revela el rostro del Padre amoroso que cuida de los pájaros del cielo y viste a los lirios del campo. Con más razón se cuida del hombre creado a imagen y semejanza suya y destinado, en sus planes amorosos, a vivir eternamente en su casa de Padre.

Jesús nos exhorta a no vivir angustiados por la comida o por el vestido. En el mundo de hoy, existen miles de personas que viven en una miseria que ofende su dignidad humana. Las palabras de Jesús parecerían ilusorias. ¡Pero en realidad son más que nunca actuales! Nos recuerdan que no se pude servir a Dios y al dinero. Mientras cada uno busque acumular para sí jamás habrá justicia. Si, en cambio, confiando en la Providencia de Dios, buscamos juntos su Reino, entonces a nadie le faltará lo necesario para vivir dignamente.

Vivir confiados en Dios nuestro Padre, siguiendo el consejo de Jesús, no es nada fácil, pero nos trae tranquilidad, paz y verdadera alegría. Dios quiere que nos ocupemos de las cosas de este mundo, no que nos preocupemos.

Confiar en Dios no nos impide trabajar, sino todo lo contrario. La verdadera fe cristiana nada tiene que ver con la ociosidad, con la pasividad. El cristiano no puede ser fatalista.

Además, Jesús no condena la previsión ni el ahorro. Trabajemos como si todo dependiera de nosotros y confiemos como si todo dependiera de Dios.