¿Qué es un catecismo para la Iglesia?

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P. Pegueros: “¿Qué es un Catecismo para la Iglesia?... ¿Cuándo aparecen los primeros catecismos de la historia?... ¿Qué importancia tienen para los cristianos?”… gracias…”

Carmen R. T. antigua catequista de san Roberto, Morelia.

La palabra catecismo procede del griego catejein, que significa “hablar para ser oído” y de ahí “instruir”. Para mucha gente significa un método de aprender por medio de preguntas y respuestas. En la práctica, han sido muchos los catecismos de este tipo.

En el Antiguo Testamento hay breves resúmenes de la fe israelita que a menudo se denominan catequéticos (Deuteronomio 6, 1-15; 7, 7-11). También en el Nuevo Testamento, por ejemplo en relación con la Eucaristía (1Cor 11,23-26); la Resurrección (1Cor 15,3-7) o el misterio Cristo (1Tim 3,16). Hay por otra parte libros enteros que se consideran instrucciones catequéticas (Carta de Santiago y Primera de san Pedro).

Cuando todavía vivía san Juan Evangelista aparece un documento: la Didaché, un precioso documento de la vida de la Iglesia con catequesis para el Bautismo, la Eucaristía y la Confesión. Pronto aparecen tratados generales sobre la fe cristiana dedicados a la gente humilde y sencilla: san Agustín, santo Tomás de Aquino y muchos otros.

Al nacer la Reforma aparecen dos Catecismos de Lutero y las respuestas de San Roberto Belarmino y san Pedro Canisio. Fue muy importante el Catecismo Romano o también de san Pío V, que se publicó después del Concilio de Trento (1566). Seguía el esquema que para entonces se había hecho común: credo, sacramentos, mandamientos y oración.

El Concilio Vaticano II produce, para nuestro provecho, el nuevo Catecismo de la Iglesia católica que hizo su aparición en 1992. Mientras el de san Pío V iba dirigido a todos los párrocos del mundo, el de san Juan Pablo II va dirigido primariamente a los Obispos, a los que escriben catecismos, a los sacerdotes y a los catequistas. Será también de útil lectura para todos los demás fieles cristianos.

De las reformas promovidas por el Concilio Vaticano II, una muy importante, es la revisión que se hizo sobre los responsables de continuar en la Iglesia la misión salvadora de nuestro Redentor Jesucristo. Su mandato de ir por todo el mundo está dirigido a todo bautizado. A cada quien, según su propio estado de vida, debe urgirnos el colaborar para que el mundo se salve. Los padres de familia deben ser los primeros catequistas de los niños y la mayoría lo son. En nuestras casas aprendimos a conocer a Dios nuestro Padre, a persignarnos, a invocar a María y al santo de nuestro nombre.

Para muchos padres de familia el hecho de que no faltan catequistas que, gracias a Dios, se dedican a preparar niños a su Primera Comunión y a la Confirmación, lo dejan todo en sus manos y tenemos el resultado: cuando los niños están preparándose no faltan a la Iglesia; pero una vez que reciben esos dos sacramentos no volvemos a verlos.

Además en muchos lugares no hay un espacio para la catequesis de los adultos en general y para los adolescentes y jóvenes en particular.