¿Qué es la misericordia divina

Misericordia2P. Pegueros: “¿Qué es la misericordia divina?... ¿Cómo nos la enseña la Escritura?... ¿Por qué Cristo pidió a los suyos que fueran misericordiosos como el Padre?... Gracias y saludos…”

Juan Torres Mata (La Piedad, Mich.).

El Papa Francisco escribe: “Misericordia es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia es la vía que une a Dios y al hombre porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado”.

Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia divina. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación.

La palabra miseri–cordia = corazón en la miseria, indica una unión cordial, sobre todo con el que sufre. Pero no es mera conmiseración; la misericordia supone además un movimiento hacia afuera: procura intervenir para remediar el dolor o la pena de otro.

En el Antiguo Testamento, Dios se muestra compasivo, clemente y misericordioso, que se apiada de su pueblo, que protege al huérfano y a la viuda, que muestra ternura de padre y de madre para con los humildes, que corrige porque ama, que es fiel a su Alianza y el Buen Pastor de su rebaño.

Este amor misericordioso de Dios ha dado origen a toda la Creación, a la Encarnación del Verbo y a la Redención. Todo lo creado y toda la historia de la humanidad tienen su origen en el amor eterno entre el Padre y el Hijo, que se expresa en el Espíritu Santo. La misión o envío del Hijo y del Espíritu Santo al mundo corresponde al designio misericordioso del Padre.

En la tradición judía se interpreta que Dios se llame Yahvé y Elohím porque eso remite a su misericordia (Yahvé) y a su atributo de la justicia (Elohím). Dios restaura la justicia, llama al culpable y lo corrige; al mismo tiempo, acompaña, sana, perdona y se apiada.

En el Nuevo Testamento, Jesús anunció el amor misericordioso del Padre como la llave para entender y vivir la nueva Ley: “Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso” (Lc 6,36). Dios Padre, “rico en misericordia” (Ef 2,4), se manifiesta en la Persona de su Hijo Jesús.

San Lucas nos dejó dos parábolas de Jesús que revelan la Misericordia de Dios: la del Buen Samaritano y la del Hijo Pródigo, que muchos prefieren llamarla, con mucha razón, del padre misericordioso. En la primera, “el enemigo” del judío caído usa de misericordia con él. En la segunda, el padre perdona y hasta hace una fiesta.

Cuando nos detenemos a reflexionar sobre la Misericordia de Dios, centro del misterio formidable de la Trinidad Santa, cada uno tenemos que confrontarnos con esa bella imagen. La misericordia no es algo para saber más, sino para vivirlo. A la experiencia del amor de Dios, sigue el amor como modo de ser, de vivir, de relacionarnos con los demás.

La parábola del Buen Samaritano termina con el imperativo de la misericordia: “Ve y haz tú lo mismo”.