¿Por qué Cristo es ‘el Enviado del Padre’?

el sacrificio perfecto de cristo y la vida cristianaPadre Pegueros: “Cristo es el Enviado del Padre… ¿En qué consiste ese envío que hace el Padre de su Hijo Único?... ¿Qué consecuencias se siguen de esta verdad revelada para todos los que creemos en ella?... Bendíganos, Padre…”

Familia Fernández – Magallanes (Morelia).

“Porque es en darnos, como nos dio a su Hijo que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar” nos recuerda el gran místico San Juan de la Cruz.

La verdad sobre la venida del Dios-Hijo al mundo: “el Verbo si hizo carne y habitó entre nosotros”, (Jn 1,14), para llevar a cabo una misión especial de parte del Padre, constituye el punto central de la fe cristiana y el que fundamenta todos lo demás temas de esa fe. Será siempre un misterio insondable y hasta insospechable si no fuera por la revelación que nos trajo Jesucristo.

El término misión procede de la palabra latina missio que bien del verbo mittere que significa enviar. Todos conservamos la experiencia infantil de las numerosas veces que nuestros padres nos mandaban a un mandado. También el Hijo eterno de Dios es enviado al mundo por el Padre para cumplir la misión o el mandado amoroso de salvación: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn. 3,16).

Numerosos pasajes en el Evangelio según San Juan nos explican este envío del Hijo por parte del Padre. Dice Jesús hablando con sus discípulos y con sus adversarios: “Yo he salido y vengo de Dios, pues yo no he venido por mi propia cuenta, sino que el Padre me ha mandado” (Jn 8,42).”Ustedes dicen que me conocen y saben de dónde vengo. Pero no he venido por mi propia cuenta, sino que vengo enviado por el que es digno de confianza y al que ustedes no conocen. Yo lo conozco porque procedo de Él, y Él me ha enviado” (Jn 7,28-29). “No juzgo Yo solo, sino que el Padre que me envió juzga Conmigo” (Jn 8,16).

Y en la oración sacerdotal del Jueves Santo, Jesús encomendando sus discípulos al Padre, subraya: “Ellos… conocieron verdaderamente que Yo he venido de Ti, y creyeron que Tú me has enviado” (Jn 17,8).

Lo mismo afirman una y otra vez los otros Evangelistas, aceptando la enseñanza de Jesús como Hijo mandado por el Padre: “Es preciso que anuncie el Reino de Dios también en otras ciudades, porque para esto he sido enviado” (Lc 4,43). Especialmente es reveladora la parábola de los viñadores homicidas que matan también al hijo del dueño. Viene en los tres sinópticos y aparece clara la verdad de que el Hijo enviado por el Padre y crucificado por nuestros pecados es Jesús.

La Iglesia recibe de Cristo esa misión: redención del mundo por la obediencia. Cada bautizado procurará cumplir cada día, lo mejor que pueda, la voluntad de Dios, para nuestra salvación y la de todos.