¿San Juan XXIII y su experiencia militar?

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P. Pegueros: “¿Qué pensaba el Papa Roncalli sobre la vida militar que él vivió personalmente formando parte del Ejército italiano?... ¿Cómo veía el autor de la Pacem in terris la vida de soldados que miles de bautizados llevan en el mundo?... Dios lo bendiga.

Carlos Vallejo Lira (Zitácuaro, Mich.)

Angelo Giuseppe Roncalli nació en 1881 en Sotto il Monte, pequeño poblado cercano a Bérgamo, en una familia de labradores pobres. A la edad de 20 años, en 1901, tuvo que presentarse para cumplir su año de servicio militar, a pesar de que era seminarista en su propia diócesis.

Ordenado sacerdote en 1904, tuvo que participar en la Primera Guerra Mundial desde el mes de mayo de 1915 al mes de marzo de 1916 como sargento de sanidad, después como capellán militar hasta terminado el conflicto. Algunos historiadores y biógrafos del Papa ni siquiera mencionan esta parte de su vida. Siendo Papa y aún antes, él mismo declaró en repetidas ocasiones que la vida militar había influido fuertemente sobre su maduración humana, cristiana y sacerdotal.

Su corazón inquieto de pastor no se contentó con cumplir sus deberes de soldado primero y luego como sacerdote. Además de sus años de servicio, fue asistente espiritual en varios hospitales militares de la ciudad de Roma, animador de la Misa del Soldado en la iglesia del Espíritu Santo, organizador de la Consagración al Sagrado Corazón de las tropas asentadas en Roma y encargado del gran Hospital de Recuperación de ex prisioneros italianos.

“Yo amo a Italia” era su principal explicación para sus actividades por su Patria. El amor por su país fue siempre algo convencido y sincero que se coloca como parte de su profunda visión religiosa, tanto de la sociedad civil en la que le tocó nacer como de su papel de sacerdote en esa sociedad. La actitud de San Juan XXIII no fue nunca una apología de las armas, sino siempre un servicio querido por Dios para la humanidad en armas. Su corazón generoso y cálido de padre se transparentaba en el servicio a su Patria y dejaba ver su fe sólida y firme que lo comprometía con todos sus contemporáneos.

Son impresionantes las interrogantes que la guerra pone al Padre Roncalli, a su conciencia de creyente, a su corazón sacerdotal. En junio de 1915 escribe: “¿Por qué suceden estas cosas después de tantas oraciones? ¿El Corazón de Jesús ya no palpita de amor por la humanidad? ¿Nuestra fe y nuestra esperanza han dejado de ser verdaderas?”

Son preguntas que no encuentran respuestas fáciles ni inmediatas.

El futuro Papa madura con una fe encarnada en las realidades que lo rodean. El cristiano no puede huir de su mundo. Allí, Dios quiere que todos seamos sal de la tierra y levadura que transforme. Descubre que la paz no se puede producir sino sólo cultivar. No puede imponerse, sino más bien, pedírsela a Dios porque es un don suyo.

El Papa sostenía que la principal fuerza de la paz son los pacíficos. Y que el mundo se engaña al juzgar a los soldados.