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P. Pegueros: “¿De dónde viene todo lo que existe?... ¿Qué significan en el Génesis el jardín de la creación y el hecho de ser un trabajo de seis días?... lo saludamos…”

Familia Botello-Amaya (Morelia).

Con un lenguaje primitivo, de antigua belleza y revelador de un misterio, el autor bíblico del Génesis quiere contarnos el origen de todas las cosas. No lo hace en términos científicos, tan lejanos de la mentalidad oriental de aquella época. Sus versos y versículos no aspiran a darnos un tratado sobre las leyes naturales que rigen el mundo. Pretenden algo mucho más esencial: decirnos que la Creación es muy hermosa, es buena y que la ha hecho Dios creador. Todo lo demás son formas literarias para ayudarnos a entender este dato esencial.

Los dos relatos que encontramos en la Biblia nos acercan religiosa y poéticamente a la voluntad creadora de ese Dios que con amor y sabiduría hizo el cielo y la tierra. Detenernos a considerar esta verdad es muy importante porque con la Creación se inició el designio divino que llamamos historia de la salvación que culmina con Cristo.

Esta verdad que repetimos los domingos: “Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra” es la base fundamental para contestar las preguntas que el hombre tiene que responderse: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Cuál es nuestro origen? ¿Cuál es nuestro fin?

Dios solo, que existe antes que todo más allá del tiempo y del espacio, ha creado el mundo de la nada y ha convocado al ser a todas las cosas. Todo lo que existe depende de Dios y sólo perdura en el ser porque Dios quiere que exista.

La Creación del mundo es, por así decirlo, una “obra en común” del Dios uno y trino. El Padre es el Creador, el todopoderoso. El Hijo es el sentido y el corazón del mundo: “Todo fue creado por Él y para Él” (Col 1,16). Sólo cuando conocemos a Jesucristo sabemos para qué es bueno el mundo y comprendemos que el mundo avanza hacia una meta: la verdad, la bondad y la belleza del Señor. El Espíritu Santo mantiene todo unido: Él es “quien da vida, la carne no sirve para nada” (Jn 6,63).

Los pueblos más antiguos de la tierra conservan la memoria de un paraíso perdido. Este jardín destaca por pintarse revestido de una armonía de colores, de sabores, de olores, de completarse unos seres a otros. Ese jardín existe, pero debe ser cuidado por el hombre con el sudor de su frente, por eso está tan deteriorado. La firma del autor de la naturaleza sigue estando presente en ella. Dios sigue al alcance del hombre y le encanta venir y conversar con nosotros si con humildad y sencillez lo buscamos.

A través del relato de “los seis días de la Creación”, la Sagrada Escritura nos da a conocer el valor de todo lo creado y su finalidad de alabanza a Dios y de servicio al hombre. Todo lo que existe está en las manos amorosas de Dios.