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P. Pegueros: “¿Dios dirige al mundo y al hombre?... ¿Si el mundo depende enteramente de Dios, no debería ser más perfecto?... ¿Por qué, junto a aspectos de maravillosa belleza, encontramos el desorden y el mal especialmente en la humanidad?... gracias…”

Celia Botello Cruz (3º. de Preparatoria).

Las primeras palabras de la Biblia nos dicen: “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”, es decir, el universo entero, creó todo cuanto existe fuera de Dios mismo. El mundo creado es hermoso y bueno, en cada cosa creada y todavía más en la forma que dependen unas de otras y en el orden total. “¡Qué grandes son, Señor, tus obras! Todas las hiciste con sabiduría: llena está la tierra de tus creaturas” (Sal 104,24).

El solo hecho de que una cosa o una persona exista es señal de que es amada por Dios: “Tú amas todos las cosas existentes y no aborreces nada de lo que has hecho; si hubieras despreciado alguna cosa no la habrías creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas si Tú no lo hubieses querido?” (Sab 24-25). Dios no olvida ni siquiera la hierba del campo o los pajaritos del cielo. Un cristiano reconoce la belleza y bondad del mundo creado por Dios, pero sabe que Dios lo creó incompleto, para que pueda moverse activamente hacia su perfección definitiva según los planes divinos.

En la cima de todo lo creado están los ángeles y los hombres, creados capaces de amar libremente a Dios, al prójimo, a sí mismos y a todo lo creado (porque Dios es amor). Y también capaces de colaborar con su Creador en el desarrollo de todos los demás seres: hombres, animales, plantas y minerales.

Nuestra fe cristiana nos dice que Dios dirige el mundo y también a la humanidad entera, pero de una manera misteriosa; Dios conduce todo por caminos que sólo Él conoce, hacia su consumación y perfección. En ningún momento abandona, sino que sigue cuidando de todo lo que sus manos benditas de Padre han creado. A ese cuidado que Dios tiene de todo lo creado, especialmente al cuidado que tiene con el hombre. creado a su imagen y semejanza, la Iglesia lo llama la Divina Providencia.

Con este término se indica la acción bondadosa y llena de amor con Dios ordena la historia y los acontecimientos naturales, conduciendo a todas sus creaturas hacia su fin último. En el Evangelio Cristo pide a sus discípulos una fe fuerte en la providencia del Padre porque valemos más que los lirios del campo y los pájaros del cielo (Mt 6,25-34).

Obviamente la Providencia no anula la obra del hombre, al contrario, lo llama para cooperar libremente con los planes divinos sobre cada creatura. Tampoco elimina la presencia del mal físico y moral. Pero la fe cristiana nos da la certeza de que Dios no permitiría el mal, si no hiciera salir el bien del mal mismo, por caminos que sólo se llegarán a conocer plenamente en la vida eterna.

Dios nos ayudará siempre en nuestras necesidades: es omnipotente y ha prometido ayudarnos.