P. Pegueros: “¿Qué es el agua bendita de la Iglesia?... ¿Por qué hay pilas de agua bendita en las entradas de los templos?... ¿Cuáles son sus principales efectos para nuestra vida cristiana?... El Señor lo bendiga y lo guarde”.

Enrique Luna Cervantes (Zitácuaro).

Holy WaterNo cabe ninguna duda que el agua bendita es un sacramental en peligro de extinción.

Santa Teresa de Ávila, Doctora de la Iglesia, tenía una fe profunda en el poder del agua bendita. Ella personalmente la usaba para expulsar al demonio y repeler las tentaciones. Cuenta en el libro de su vida que un día se encontraba leyendo, y el demonio se puso encima de su libro. Santa Teresa se santiguó y el demonio se fue. Cuando bajó la mirada, nuevamente el demonio apareció. Esto le sucedió tres veces, hasta que se le ocurrió echarle agua bendita. Sólo entonces pudo continuar su lectura. Tiempo después escribió: “Tengo mucha experiencia de que no hay nada como el agua bendita para expulsar al demonio de nuestro lado y que no vuelva”.

El agua bendita es uno de los sacramentales más importantes y usados de la Iglesia Católica. No es un sacramento. Los 7 sacramentos los instituyó Cristo. Los sacramentales los instituye la Iglesia. Los sacramentos producen la Gracia Santificante. Los sacramentales nos consiguen las gracias actuales. Los sacramentos son necesarios para la salvación… los sacramentales no, y son muchísimos, como bendición de agua, pan, casas, campos, automóviles, rosarios, imágenes, escapularios, exorcismos, letanías, y otros.

Los sacramentales son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Esto quiere decir que con el uso de un sacramental, como el agua bendita o las bendiciones de personas y objetos, el cristiano se beneficia de los bienes espirituales que la Iglesia conserva como un tesoro que le ha dado Dios para que los administre a todos los hombres, como rasgos de su misericordia infinita de Padre.

Según la tradición, el papa San Alejandro (106-115) mandó que se bendijera el agua y se pusiera a la entrada de los templos para que al entrar los fieles pidieran la purificación de sus pecados. Aprendimos de niños: “Por esta agua bendita me sean perdonados todos mis delitos y pecados”. Y en el Seminario: “Por esta agua bendita, que nos recuerda el agua de nuestro bautismo, nos sean perdonados nuestros delitos y pecados”.

El agua bendita no confiere la gracia del Espíritu Santo, pero nos prepara para recibirla. Es una de las causas para el mandato del papa San Alejando hace 1900 años.

Efectos del agua bendita: nos atrae gracias divinas; nos purifica de los pecados veniales y aleja de nuestras vidas al demonio, que puede muy bien entrar al templo con nosotros. No podemos verlo, pero él sí ve la cruz que ponemos en nuestra frente y lo aleja.

Las generaciones jóvenes, incluidos los sacerdotes, han perdido esta buena costumbre. Muchos fieles se quejan de que no hay pilas ahora o se encuentran siempre vacías.