P. Pegueros: ·“¿Qué significa consubstancial al Padre?... ¿Por qué se emplea esta palabra, aplicada a Jesucristo, una palabra tan poco usada?... ¿Se puede decir lo mismo con una palabra distinta?... Rece por nosotros, nosotros lo hacemos por usted”. Felipe Orozco López (Morelia, Mich.).

2stUno de los cambios más interesante que se dieron con el Concilio Vaticano II fue la traducción del Misal Romano a las lenguas usadas actualmente. En el Misal Romano, promulgado por el Papa Paulo VI, se conserva en el Credo la palabra en latín consubstantialem Patri (“consubstancial al Padre”). En italiano pasó a ser: de la stessa sostanza del Padre. Y en castellano quedó: de la misma naturaleza del Padre.
El Concilio de Nicea (325) tuvo que enfrentar una herejía muy difundida por Arrio –un sacerdote de Alejandría que negaba prácticamente la divinidad de Cristo–, y afirmó como dogma de fe que Jesucristo es el Hijo único de Dios, de la misma naturaleza del Padre, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado.
El uso de esta palabra, consubstancial, causó en su tiempo una verdadera revolución, por no ser éste un término bíblico, sino filosófico. Los Padres de la Iglesia querían ser precisos en el lenguaje que utilizaran para evangelizar al pueblo sobre este misterio tan grande y tan importante que contestara la pregunta: “¿Quién es este?”, refiriéndose a Cristo. Los debates, en ese Concilio de Nicea fueron largos y muchas veces ásperos.
Los cristianos humildes y sencillos se quedaron con lo fundamental: Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Sin dejar de ser hombre, es Jesús de Nazaret, es verdadero Dios, el Hijo único de Dios. Y es Dios verdadero, de la misma naturaleza del Padre, sin dejar de ser hombre verdadero: “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14).
Dios envió al mundo una serie de Santos Padres en esos tiempos: Atanasio, Hilario de Poitiers, Gregorio Nacianceno, Gregorio de Nisa y Basilio el Grande, que con su vida santa y con la iluminación del Espíritu Santo defendieron apasionadamente la fe verdadera.
En muchos lugares del Nuevo Testamento, especialmente en San Juan, encontramos que Cristo es llamado Hijo de Dios. Lo llama el Padre así el día del Bautismo en el Jordán y también en la Transfiguración del monte Tabor. Jesús mismo comunica a sus discípulos su relación única con el Padre: “Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mt 11, 27). Que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios se manifiesta en sus numerosos milagros y especialmente en su Resurrección, aunque ya lo era eternamente junto al Padre y al Espíritu Santo.
Escribe San Juan de la Cruz: “Porque en darnos a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez”.
Y Paul Claudel: “Habla de Cristo sólo cuando te pregunten por Él. ¡Pero vive de tal modo que te pregunten por Él!”