P. Pegueros: “¿Qué es el camino de Santiago?... ¿Tiene el Apóstol Santiago, en lo espiritual, un camino propio que ofrecernos a los cristianos de hoy?... Dios lo bendiga”. Familia Pértez H. (Morelia)

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El camino de Santiago es una ruta ubicada en el norte de España que recorren los peregrinos de toda la cristiandad para llegar a la ciudad de Santiago de Compostela, donde se veneran las reliquias del Apóstol Santiago llamado el Mayor, hermano de San Juan.
Con el hallazgo de sus restos sagrados el año 821, empezó el peregrinar hacia su tumba de todas partes de Europa, que sigue creciendo, especialmente estos últimos 15 años, siempre con un sentido espiritual y penitencial.
Santiago Apóstol no tiene un camino propio de espiritualidad, como Santa Teresa de Ávila o San Francisco de Asís. Su camino es el que todos los apóstoles nos enseñaron y aprendieron de Jesús: “Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame” (Mc 8,34.). Ser cristiano es aprender amar como Jesús, hasta la cruz.
La idea principal del hombre, peregrino de todos los tiempos, es caminar para encontrar a Dios. Con Jesucristo ha terminado la búsqueda de la humanidad, porque es Dios mismo el que nos ha buscado a nosotros, respondiendo a los deseos más profundos, saliendo a nuestro encuentro: “A Dios nadie los ha visto nunca. El Hijo Único, que es Dios y vive en íntima comunicación con el Padre, es quien nos lo ha dado a conocer” (Jn 1,18).
Por lo tanto, las creencias de las religiones son las experiencias y pensamientos de los hombres, que en la búsqueda de la verdad han ideado y creado en su referencia a la Divinidad y a lo Absoluto. A través de ellas, aunque contengan algunos errores, muchas personas se han encontrado con Dios, que no deja de hacerse presente de muchos modos en personas y pueblos para ofrecer su salvación.
Pero la revelación de Jesucristo es original, tiene un carácter definitivo y completo. Con su presencia y manifestación, con sus palabras, señales y milagros, con su Muerte y su Resurrección, y con el envío del Espíritu Santo, lleva a plenitud toda revelación. El verdadero rostro de Dios sólo podemos conocerlo mirando a Cristo: “Felpe… el que me ha visto a Mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9).
Jesús es el Camino por donde Dios ha venido a nuestro encuentro y nos ha revelado su identidad. El Verbo del Padre, que estaba con Él desde toda la eternidad, “se hizo carne y puso su tienda en medio de nosotros” (Jn 1,14).
Al mismo tiempo, Cristo es el Camino que nos lleva al Padre, la única posibilidad que tiene el hombre de encontrar la plenitud de la vida: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Solamente por Mí se puede llegar al Padre” (Jn 14,6). Todos los que se salvan, aunque no lo sepan, se salvan por Cristo. A través de su Costado herido en la Cruz se nos abren las antiguas puertas cerradas del Paraíso, donde Jesucristo mismo nos ha preparado un lugar.