P. Pegueros: ·“Gracias por su respuesta del 8 de mayo pasado… Ahora mi pregunta es: ¿Quién fue San Bernardino de Siena?... ¿Por qué se le relaciona con el santo nombre de Jesús?... De nuevo, gracias por sus atenciones”.

José Barba Ruiz (La Piedad, Michoacán).

bernardino

En el mismo año de la muerte de Santa Catalina de Siena, en 1380, nació para la Iglesia una estrella que brilla en el cielo de los santos, como uno de los evangelizadores más grandes que hayan existido: San Bernardino de Siena. Nació en el palacio de la noble familia de los Albizzeschi; a los 6 años perdió a sus padres y quedó huérfano al cuidado de sus tías que se encargaron de su formación, sobre todo religiosa.
Desde su infancia tuvo una especial devoción al santo nombre de Jesús y a la Santísima Virgen, a quien quiso honrar, asociándose a la “Hermandad de la Virgen del Hospital de La Scala”, que desarrolló una actividad heroica, con Bernardino a la cabeza, durante la peste que asoló su ciudad el año 1400.
Luego de una larga recuperación, repartió sus bienes entre los pobres y abrazó la vida de los más estrictos seguidores de San Francisco de Asís. Pasó los siguientes diez años preparándose para su misión de predicador con la meditación de la Palabra de Dios y rezando en la soledad. Estaba convencido de que todo evangelizador debe conocer lo mejor posible el Evangelio de Cristo.
En 1417 empezó sus famosas misiones en medio del pueblo, predicando la conversión y las exigencias sociales del Evangelio. Son memorables sus predicas contra la usura y la división que asolaba entonces a Italia entre partidarios del Papa y del Emperador. Todos debían ser cristianos que levantaran en alto el monograma del nombre de Jesús: IHS, que él llevaba siempre consigo y que lograba verdaderos milagros: los poderosos dejaban de oprimir y el pueblo humilde quemaba, después de sus sermones, los naipes, los libros pornográficos y los vestidos inmorales en grandes hogueras públicas.
Vestía con una pobreza extrema y vivía con mucha austeridad. Así recorrió toda Italia de norte a sur y de oriente a poniente, insistiendo en que todo cristiano debe invocar diariamente el Santo Nombre de Jesús porque es en el Nombre de Jesús que nos son perdonados los pecados. “El Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar los pecados” (Mc 2,10). Y Él trasmite ese mismo poder a los hombres –los Apóstoles– para que lo ejerzan, siempre en su Nombre (Jn 20,21-23).
Los espíritus malos temen su Nombre, y es en Nombre de Cristo Jesús que los discípulos realizan milagros, pues todo aquello que pedimos al Padre con fe, en su Nombre, nuestro Padre celestial nos lo concede. Ese Nombre bendito tiene poder.
Son palabras suyas: “Este Nombre debe de ser publicado para que brille, no puede quedar escondido”. Y debe ser invocado con respeto, veneración y fe.
Murió en plena actividad evangelizadora, cuando se dirigía a Nápoles para empezar una nueva misión. Era el 20 de mayo de 1444.