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P. Pegueros: “¿En qué sentido Cristo es Camino?... ¿Qué es lo que más necesitamos todos los bautizados para seguir a Jesús como Camino?... rezamos por su salud…”

Familia Hernández – Quiroz (Salvatierra, Gto.).

Acabada la Última Cena, Jesús inicia un largo discurso para despedirse de sus más cercanos seguidores. Les habla de varias cosas para pacificar sus corazones llenos de temor. Les insiste que se va al Padre para prepararles un lugar y les dice que para llegar al Padre ellos ya conocen el camino. Entonces interviene Tomás y le dice: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino? Le dice Jesús: Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie va al Padre sino es por mí” (Jn 14, 5-6).

El símbolo del “camino”, en la declaración de Jesús, nos invita al seguimiento, no de unas ideas, sino de una persona (la segunda Persona de la Santísima Trinidad). Nos habla de un proceso espiritual que estamos llamados a recorrer. Nos recuerda nuestra humilde condición de peregrinos: somos extranjeros en este mundo, aquí estamos de paso, esta tierra no es nuestra morada permanente. Una vez bautizados, quedamos consagrados hijos de Dios, en Cristo su único Hijo y nuestro destino definitivo es la casa eterna del Padre.

Siempre tendremos la tentación de quedarnos parados done estamos. Muchas veces estamos cansados “de no caminar”. El demonio nos engaña: vas bien, no matas, no robas…

Jesús mismo quiso someterse a constantes tentaciones que le invitaban a escoger un camino más fácil, pero las venció todas y perseveró hasta el final, hasta recorrer la subida pesada al monte (Calvario lo llama Él).

La vida cristiana de seguir a Cristo se llama en los Hechos de los Apóstoles el camino (9,2 y 18,25). La Iglesia, desde sus primeros pasos, descubrió que en este camino hacia Dios abundan las pruebas y las caídas, las grandes privaciones y el hacerse violencia. Pero en esta carrera el cristiano no camina solo, Dios es su acompañante aunque no lo veamos. En esta marcha, todo ser humano se encuentra con encrucijadas: caminos que conducen a la vida y caminos que llevan a la muerte. Para superar los peligros es necesario no desanimarnos nunca, poniendo los ojos bien fijos en la meta.

El seguir a Jesús, nuestro único camino verdadero, requiere poner en Él toda nuestra confianza; aunque caminemos por cañadas oscuras nada debemos de temer, porque Él va con nosotros y su vara y su cayado nos sosiegan (Salmo 22). Es muy cierto que el camino es largo, complicado y se lleva mucho tiempo. Por eso lo que hemos de pedir al Señor es mucha paciencia y perseverar, a pesar de todo. Paciencia para entender y escuchar a Dios, a los demás y a nosotros mismos; perseverancia porque parece que no avanzamos y se nos olvida aquel dicho italiano: “Piano, piano si va lontano” (Poco a poco se va lejos).

Jesús es el camino de vida y de bendición enviado por el Padre. San Juan en su Evangelio lo mostró al mundo como el único camino para encontrar salvación.