14y15 2Contexto

A principios de esta década, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) estimaba que más de 9 mil millones de barriles diarios (mmbd) [un barril equivale aproximadamente a 153 litros] de capacidad de destilación primaria sería incorporada entre 2014-2019, de los que más del 92% sería de actualizaciones y ampliaciones de las plantas existentes y el restante 8% de nueva capacidad, siendo la región asiática la de mayor dinamismo. Las inversiones en la industria de la refinación en el mundo podrían llegar a 102.1 mmbd en el 2020, para ello las empresas enfrentan el reto de evaluar el modelo de operación elegido y su nivel de integración, particularmente en Norteamérica y Europa Occidental.

En los próximos años, la industria de la refinación internacional continuará incorporando avances tecnológicos, en particular propiciando procesos más eficientes con flexibilidad para producir derivados y ahorradores de energía, un mayor acoplamiento con las plantas petroquímicas y evitando las emisiones gases de efecto invernadero; teniendo como marco de referencia una mejor eficiencia en el consumo energético, destacándose el sector automotriz que espera alcanzar un rendimiento de alrededor de 20 km/litro hacia el año 2025.

La refinación en México

La industria de la refinación en México ha sido pieza fundamental en el crecimiento de la economía, pues ha suministrado de manera oportuna los combustibles e insumos, principalmente al sector transporte. Por su desarrollo alcanzado, Pemex se ubicó dentro de las primeras 15 compañías con capacidad de refinación en el mundo registradas en 2014. La subsidiaria de Pemex que llevaba la operación de la refinación era Pemex Refinación (PR), pero a partir de noviembre de 2015 se integró a Pemex Transformación.

Luego de su impulso hasta la época del boom petrolero, que la llevó a lograr avances tecnológicos a través del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) transcendiendo fronteras con productos como el proceso Demex, la refinación en México enfrentó la falta de recursos de inversión para su actualización y crecimiento desde la década de los ochenta, sobre todo desde que la política petrolera se centró en el desarrollo del macro yacimiento Cantarell.

El promedio medio anual de inversión ascendió a sólo 0.71 miles de millones de dólares (mmmd) entre 1991 y 1999. Ello derivó en insuficiente mantenimiento, limitación para incorporar tecnología, mejoras operativas y en no aumentar la capacidad instalada. Además, se cerraron las unidades de Azcapotzalco, Poza Rica y Reynosa a inicios de los años noventa.

El programa de reconfiguración del Sistema Nacional de Refinación (SNR) fue autorizado a fines de los años noventa y contempló construir nuevas plantas de proceso, su ampliación y modernización. Los montos de inversión se elevaron a cerca de 2 mmd en promedio anual entre 2000 y 2001, para desarrollar trabajos en las refinerías de Cadereyta y Madero y luego se redujeron a 0.66 mmmd entre 2002 y 2005. Fue a partir de 2006 cuando de nuevo se le inyectaron recursos, llegando a promediar 1.9 mmd por año hasta el 2014, resaltando los proyectos de Calidad de Combustibles y la reconfiguración de Minatitlán. Así, las refinerías de Cadereyta, Madero y Minatitlán culminaron su reconfiguración y aumentaron el volumen procesado de petróleo crudo pesado en 15.0, 11.0 y 122.9%, respectivamente, y la producción de combustóleo disminuyó en 48.6, 64.9 y 69.4%.

Al cierre de 2014, Pemex contaba con seis unidades en el SNR con una capacidad instalada de procesamiento de 1.6 mmbd, sólo 2.8% por arriba de la que contaba en el año 2000, pero 5% debajo de la registrada en 1990. Además, mantenía el 50% de la participación accionaria de Deer Park, que es operada por Royal Dutch Shell, y que controla la otra mitad de la propiedad.

La estrategia del manejo de la refinación, que ha implicado no construir una nueva unidad desde 1979, ha llevado a colocar el crudo extraído en el exterior, en lugar de procesarlo, siendo la costa del Golfo estadounidense uno de sus principales destinos y donde se adquiere una parte importante de los petrolíferos importados.

En general, el panorama mostrado de la refinación en el país denota una situación compleja, derivado de su dependencia de las finanzas públicas y de un conjunto de factores ligados a su desarrollo a lo largo de toda su cadena de valor a través del tiempo, siendo los más relevantes:

* Los tipos de petróleo crudo suministrado por Pemex Exploración y Producción (PEP) no cumplen con las consideraciones técnicas requeridas por la configuración de las refinerías, que fueron diseñadas para procesar crudos ligeros.

* Incapacidad de ejecución de las inversiones de PR, pues no se ha logrado capitalizar los planes de la empresa ni en tiempo ni en forma en la mayoría de los casos. El caso más relevante fue el proyecto fallido de la nueva refinería de Tula, en la que se erogaron un poco más de 480 millones de dólares, y se argumentó que muchos de los trabajos se retomarían en la refinería que opera en ese lugar.

* Enfrenta insuficiente capacidad de almacenamiento de crudos en refinerías y de destilados en sus Terminales de Almacenamiento y Reparto, que origina problemas de saturación en algunas líneas de transporte, principalmente en el centro del país, cuando acontecen fallas o eventos imprevistos, por ejemplo, los robos de combustibles [‘huachicoleo’] o los accidentes por fugas de combustible. Ello convive con el uso no óptimo de los ductos e infraestructura de poliductos, su rezago tecnológico y edad promedio de más de 25 años.

* Un serio problema enfrentado por PR es la falta de detección oportuna de las tomas clandestinas y el crecimiento del mercado ilícito de combustibles. En el primer caso, el problema ha ido acompañado de frecuentes fugas y derrames, algunos de gran alcance, como el ocurrido en San Martín Texmelucan, Puebla, en 2010 [para no mencionar el más reciente y trágico de Tlahuelilpan, Hgo.], que se anexan a los ocurridos durante la operación diaria de la empresa.

Perspectivas de la refinación en México

Estimaciones oficiales (Secretaría de Energía, 2014), señalan que en el año 2028 se demandarán en el país cerca de 2 mmbd de petróleo crudo equivalente de petrolíferos, 38% más que el consumo de 2013. Las gasolinas serían las de mayor demanda, seguida del diésel, como resultado de su uso intensivo en el autotransporte.

Atender la demanda esperada de productos refinados implicaría llevar a cabo alguna de las siguientes acciones, o la combinación de ellas:

a) Que se relancen las inversiones en Pemex, tanto para ampliar la capacidad de refinación o crear nueva, lo que resulta complicado dadas las restricciones financieras gubernamentales. [El actual Gobierno ha emprendido el proyecto de refinería en Dos Bocas y ha inyectado recursos a la paraestatal].

b) Impulsar las coinversiones entre Pemex y la iniciativa privada.

c) Que las empresas privadas nacionales constituyan la infraestructura nueva requerida para elevar la oferta de los petrolíferos.

d) Adquirir los faltantes del exterior a través de las importaciones, para lo cual se requiere construir la infraestructura de transporte para mejorar la conectividad de las refinerías y reducir los problemas de saturación, así como crear las condiciones para flexibilizar las operaciones en las que puedan participar las compañías privadas.

La refinación es un negocio complejo e intensivo en capital con retornos de inversión de largo plazo, que demanda eficiencia, tecnología, buena gestión y acoplarse a las normas ambientales para elaborar productos limpios, en donde el insumo principal, el petróleo crudo, muestra comportamientos volátiles de precio y condiciones particulares de disponibilidad para su tratamiento.

A pesar del cierre de unidades en las naciones desarrolladas, la industria de la refinación mundial registra una capacidad instalada excedente, derivada principalmente de las inversiones en los años pasados en la región Asia-Pacífico y en el Medio Oriente, y de su actualización en otras naciones. Ello en un mercado en donde el consumo de productos petrolíferos se ha reducido en las naciones más desarrolladas y aumentado en el resto de naciones, pero que se perfila hacia un mayor crecimiento en los años siguientes, particularmente por la dinámica del sector transporte.

En el caso de Pemex, la paraestatal ha logrado abastecer oportunamente el consumo nacional de petrolíferos con producción interna e importaciones. No obstante, acumula un conjunto de problemas estructurales a lo largo de toda su cadena de valor, que la hacen no rentable y la mantienen con problemas de liquidez y un elevado apalancamiento.

El consumo de derivados de petróleo en el país continuará creciendo en los próximos años, especialmente en el caso de los productos ligeros, en un contexto de producción excedente de petróleo crudo por lo menos hasta mediados de la próxima década.