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Desde hace más de 80 años, los habitantes de Tócuaro han puesto en el mapamundi a esta comunidad indígena de la Ribera del Lago de Pátzcuaro, localizada a unos 15 kms de Pátzcuaro, por sus máscaras talladas en madera, que se utilizan en innumerables danzas que enmarcan las fiestas patronales de los pueblos o en las pastorelas de las fiestas decembrinas, tanto del Estado de Michoacán como de alguna otras entidades del país.

A sólo unos pasos del Lago de Pátzcuaro, se divisa esta comunidad que ofrece una riqueza cultural, marcada por sus creencias y tradiciones, aquí en más del 80% de los hogares se encuentra un taller de artesanías; las mujeres se encargan de trabajar el tejido, zurcido y bordado de prendas y de las tareas domésticas, y los hombres, de la elaboración de máscaras de madera como materia principal.

Los artesanos, que heredaron este oficio de sus padres y abuelos, elaboran máscaras más detalladas y elegantes; unas a base de madera común que encuentran en los cerros más cercanos, y que son las que se utilizan comúnmente en las danzas tradicionales como las de los viejitos, y otras con maderas finas, que son piezas de arte únicas se comercializan internacionalmente y se envían a galerías y concursos con un valor elevado, y que sólo se realizan bajo pedio.

Las máscaras, una tradición de incontables familias

Felipe de Jesús Horta Tera es uno de los mascareros más reconocidos de Tócuaro, de la segunda generación, ya que su padre, don Juan Horta, fue uno de los primeros en tallar madera para darle forma de mascara. Él, junto con su familia, integrada por su esposa y cuatro hijos, trabaja desde los doce años en este oficio para hacer las máscaras de  danzas tradicionales tanto de los pueblos de la Ribera del Lago, como de otros lugares de Michoacán, pero también realiza verdaderas obras de arte que son expuestas en concurso y en galerías de algunas ciudades tanto de México como del extranjero.

Cuenta que su padre, junto con un hombre llamado José María Ponce, por el año de 1930, integraban una orquesta, pero al ver que los coloquios y las representaciones de las pastorelas se hacían sin máscaras, comenzaron a diseñar algunas para estas tradiciones: “entonces ellos tuvieron esta inquietud, ya que también se dedicaban a trabajar la madera, vieron que podían hacer las máscaras y empezaron a diseñarlas y así empezaron a salir los diablos con máscaras en las pastorelas. Mi papá también empezó a diseñar máscaras para un grupo de danza de Janitzio que se llama “El Pescador Navegante”, él fue el creador de esas máscaras; las máscaras de los viejitos eran de barro y las hacían en Santa Fe de la Laguna, después vinieron los de Jarácuro aquí, para que mi papá se las hiciera y así también empezó las máscaras de los viejitos, y las de las danzas de otros lugares”.

Mientras trabaja en la patio de su casa, convertido en su taller, platica también que él es dueño de sus propios diseños y realiza una gran cantidad de máscaras durante todo el año, unas para vender a los danzantes, y otras para concursos y exposiciones: “He concursado con mis máscaras y he hecho exposiciones en varias partes del Estado, del país y en Estados Unidos, también he estado en algunas universidades de Estados Unidos para exponer mi trabajo y la galería de máscaras que hacemos, como en Montana, Nuevo México y Washington. Muchas veces aprecian más el trabajo afuera, por eso tenemos que esforzarnos mucho en la calidad”, comenta.

Por su parte, Jorge y Juan Carlos Sierra Morales trabajan en su pequeño taller al aire libre, cubierto sólo por un pequeño techo de láminas de cartón, ellos al igual que muchos de los mascareros, recibieron de su padre el oficio.

Su padre, murió cuando apenas eran unos niños y tuvieron que trabajar en este oficio por necesidad, y pulieron su creatividad con las enseñanzas de su abuelo.

Mientras trabajan en sus respectivos talleres, uno enfrente del otro, divididos por la carretera que atraviesa el pueblo, cuentan que este oficio es un trabajo muy bonito y de mucha dedicación. Jorge, mientras corta la madera de un tronco de copal para iniciar el tallado de una máscara, relata que hacen máscaras económicas que van desde los 15 pesos, para llaveros que tiene una trabajo rápido, y unas de 400 pesos que son las tradicionales, pero máscaras con un trabajo más elaborado se llevan una semana y tienen costos que van desde los 2 mil hasta los 20 mil pesos, y que son para exposiciones o concursos.

Donde hay una danza con máscaras, son elaboradas por nosotros, actualmente hacemos cualquier tipo de máscara y ya verlas en las danzas, por ejemplo aquí el dos de febrero, día de pastorela, es muy satisfactorio. Hemos hecho para muchas danzas: Negritos, Viejitos de Jarácuaro, Viejitos de Sevina, diablos, maringuías, cúrpites, tarépetis, Tumbis, El Pescador Navegante de Janitzio, en fin, varias danzas que portan nuestras máscaras”, resalta.

Y Juan Carlos, además de hacer máscaras, también trabaja diversas figuras: ”Ya tengo unos 20 años trabajando, además de máscaras para danzas y para algún diseño en especial, también hago cualquier otro tipo de artesanía en madera, desde un burrito hasta un nacimiento.

Es un trabajo muy bonito que deja mucha satisfacción, de mi trabajo se han llevado figuras a la Ciudad  de México y fuera del país para exponerlas, por ejemplo una de mis máscaras ganó el primer lugar en una exposición en Wyoming (EE UU) y la dejaron para exhibirla con otras cien máscaras de todo el mundo”.

Cada hogar, un taller artesanal

En más del 80 por ciento de los hogares de este pueblo, se puede ver un taller artesanal, por supuesto, la mayoría de máscaras, pero también de tejido, zurcido y bordado de prendas, además de artesanías de palma y diversos objetos de madera. En cada hogar del pueblo, hay señoras, señores y jóvenes, trabajando en las artesanías; hay muchos profesionistas, pero en sus ratos libres, también trabajan todo tipo de artesanías, porque es parte de las tradiciones familiares.

Uno de estos talleres es el de los hermanos Tera; Manuel, Antonio y Salvador, desde hace más de 40 años se han especializado en la elaboración de diversas imágenes religiosas.

Al elaborar una pequeña figura de San Agustín, platican cómo desde niños aprendieron este oficio por herencia de su padre, quien al fallecer ya los había adoctrinado bien en el tallado de la madera.

“Aquí todo lo que hacemos es sobre pedido: de un trozo de madera, se realiza la figura que nos piden, la dibujamos sobre la madera, y se recorta con una sierra, y después empezamos la labor de desbastar, que consiste en quitarle todo lo que le sobre para  darle forma a la figura en la madera. Después se realiza a una segunda mano, es el darle el acabado a todo los aspectos de la figura, y luego tiene una tercera mano, que consiste en darle el toque final que es el detalle de la cara y la pulida para dejar tersa la madera y el barnizado.

Por lo regular, nosotros trabajamos el cedro rojo en todas las figuras que realizamos, y una pieza por su creación puede tener  un costo que va desde mil pesos, que puede ser una pieza de unos diez centímetros, hasta unos 80 mil pesos”, comenta Antonio.

Para los hermanos Tera, este trabajo ha sido muy satisfactorio, ya que han realizado diversas imágenes religiosas que ahora se veneran en los altares de los templos, y que son motivo de grandes festividades, así como objetos, como báculos para obispo e imágenes de santos que son muy valoradas por su creación.

Para saber.

Significado.

Las máscaras son una expresión simbólica. Forman parte de las alegorías de los pueblos; de los ritos, danzas, juegos y ceremonias que llenan sus días. Su estilo plástico, su sentido litúrgico es resultado de la mezcla de tradiciones prehispánicas y españolas.

La madera

Muchas de las máscaras están hechas con madera de copal, jacaranda, y otras tantas que se dan en los cerros aledaños al pueblo, las máscaras, cobran vida a partir de un solo trozo de árbol. En él los artesanos imprimen sus visiones: viejitos, diablos, ranas, serpientes, jaguares y que se vuelven rostros de madera inimaginables.

El color

Con cuchillos y gubias toman forma esos ondulados seres que después han de cubrirse de laca policromada. Pueden pasar semanas o meses para que el artesano haga nacer de la madera una historia.

El costo

Hay máscaras económicas que van desde los 15 pesos, talladas para llaveros; la tradicional que utilizan las danzas de los viejitos con un costo de alrededor de 400 pesos, y las que se trabajan para concursos y galerías que rondan ente los 15 y 20 mil pesos.

Otras artesanías

Tócuaro, además de destacar por sus máscaras, también ofrece otras artesanías como  el deshilado, el tejido, bordados finos en telas, además de artesanías en palma, y diversos objetos de madera, que dan el sustento económico a la mayoría de las familias de este pueblo.

 

Alberto Calderón Ramírez