dgdgdgCon profunda preocupación y dolor como sociedad michoacana, hemos experimentado los terribles hechos de violencia y muerte en algunas de nuestras ciudades y comunidades, así como en otros lugares de nuestro País. Como Iglesia, nos duele y nos entristece cómo se atenta contra la dignidad del ser humano. Como ciudadanos en el mundo, no queremos más dolor ni más vergüenza. Nos unimos al clamor de los que sufren las consecuencias de las violencias. Hoy más que nunca unámonos en oración y pidamos a Dios para que ilumine y bendiga las estrategias de seguridad de nuestras autoridades para que cumplan con su tarea. Unámonos con todos aquellos que buscan una sociedad mejor, fraterna y en paz. En la medida de nuestras posibilidades involucrémonos y participemos en la construcción de un Michoacán que valore la vida, la dignidad y los derechos de cada persona, haciéndonos capaces de encontrarnos como hermanos.

La violencia crónica que padecen nuestro país y Michoacán es multicausal y multifactorial, no podemos, sin más, reducirla a un aspecto particular. El tema de la inseguridad y la violencia se deben abordar como un tema de salud pública que permita asegurar para el mayor número de personas el beneficio de la seguridad y de la paz. En medio de nuestra realidad que nos desafía, para quienes somos hombres y mujeres de fe, sabemos que aun cuando nos vemos sumergidos en la oscuridad del dolor, para nosotros siempre brilla la luz pascual del Señor que disipa las tinieblas del sufrimiento humano y da sentido al mismo, indicando el camino hacia la Resurrección.