Blog CryptoFACEBOOKEl Día Mundial del Refugiado, celebrado cada 20 de junio, y las actuales políticas migratorias y arancelarias pactadas entre los Gobiernos de Estados Unidos y México nos llevan a considerar que el trato y la realidad de los migrantes y refugiados de Centroamérica en el Sur de nuestro País están siendo monedas de cambio, con las cuales México está pagando por las amenazas arancelarias de Trump.

Los refugiados son personas que huyen del conflicto, la persecución y la pobreza. Su condición y su protección están definidas por el derecho internacional y no deben ser expulsadas o devueltas a situaciones en las que sus vidas y sus libertades corran riesgo. Conflictos violentos, auténticas guerras y pobreza extrema no cesan de lacerar la humanidad; es difícil superar los desequilibrios económicos y sociales, tanto a nivel local como global. Y son los pobres y los desfavorecidos quienes más sufren las consecuencias de esta situación. Vivimos en un mundo donde la violencia, la pobreza y las crisis de políticas públicas obligan a miles de familias a abandonar sus hogares para salvar sus vidas y encontrar una vida más digna y humana.

Las sociedades económicamente más avanzadas desarrollan en su seno la tendencia a un marcado individualismo que, combinado con la mentalidad utilitarista y multiplicado por la red mediática, produce la “globalización de la indiferencia”. En este escenario, las personas migrantes, refugiadas y desplazadas se han convertido en emblema de la exclusión porque, además de soportar dificultades por su misma condición, con frecuencia son objeto de juicios negativos, puesto que se las considera responsables de los males sociales.

Para el cristiano, los refugiados, como en general de las personas vulnerables, representan hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades. Razón por la cual, “no se trata sólo de migrantes y refugiados” significa que al mostrar interés por ellos, nos interesamos también por nosotros, por todos; que cuidando de ellos, todos crecemos; que escuchándolos, también damos voz a esa parte de nosotros que quizás mantenemos escondida….(Continuará).