Amigo Mac, ¿te estás preparando para la Navidad?

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Te lo pregunto porque son tiempos de regocijo, nos preparamos para la fiesta; el arbolito con sus luces de colores, la cena con la familia, las montañas de regalos, los aguinaldos, los abrazos y toda la parafernalia que se prepara con tiempo, para que el clan familiar disfrute de esa festividad con la alegría de la música navideña, el ponche, los buñuelos, las piñatas y demás. Y uno se pregunta: Bueno, y Jesús, el Dios Niño, ¿dónde está? Y lo vemos en un rinconcito alejado de toda la turba que grita, se ríe a carcajadas y se divierte con el destrozo de las piñatas. El Niño Dios está apartado de la familia, eso sí, en un canastito muy adornado con un cojincito que recibe a un niño de yeso o de algún material más fino, pero alejado del bullicio y la alegría de los asistentes.

Pasan los festejos navideños y sucede una cosa muy rara: nos olvidamos de Dios. Lo tenemos como reserva para los momentos difíciles. Cuando las cosas van bien, Dios ocupa un lugar muy lejano en nuestro corazón. Nos preguntan si somos católicos y muchos respondemos: “soy creyente, pero no fanático”. Como que nos da vergüenza confesar nuestras convicciones religiosas. Es una pena, pero es una realidad casi cotidiana.

Pero en cuanto nos llega un problema serio o una pena severa, recurrimos con inusitada rapidez al Dios que tenemos arrinconado, le quitamos el polvo, le prendemos una veladora y casi le exigimos que resuelva el problema que nos angustia … pero ya.

Hace tiempo que nos envuelve una crisis de fe, hemos olvidado que estamos colgados de la Providencia de Dios, creyendo que todo lo podemos y apenas nos llega algún detalle que nos lastima física o moralmente y acudimos al Dios que teníamos olvidado, le pedimos que sane nuestra enfermedad, que “arregle” nuestro agobio económico y –el colmo– que nos toque el ‘gordo’ de la lotería. ¡Habrase visto!

Creo que ha llegado el momento de un renacer espiritual, de hacer acopio de una fe inconmovible que ponga a Dios en nuestro corazón y nos dispongamos a vivir una espiritualidad profunda que elimine la creencia de que Dios está para solucionar los problemas que cada uno debe tratar de solucionar. Para ello nos dotó de un cerebro con mil millones de neuronas, que bien aplicadas nos ayudan a solucionar todo lo que nos afecte.

No olvidemos que la religión no sólo consiste en rezar. Recemos, sí, pero con la confianza de que el Señor nos dará los elementos para las soluciones sin estar de pedigüeños, esperando que Dios venga a hacer lo que nosotros debemos hacer, para encontrar la respuesta a nuestros sufrimientos.

Creo que debemos trascender la creencia de que Dios es un mago que está a nuestras órdenes para los momentos difíciles de la vida. Dejemos de pedir y pedir sin medida y enfrentemos las vicisitudes de la vida con la seguridad de que el Señor nos ha dado los elementos para salir adelante. Recordemos al mismo tiempo que el Maestro Jesús nos invitó a confiar en que Él está pendiente de nuestra vida y nos instó a fortificar nuestra fe prometiendo que, si pedimos con fe e insistencia, siempre encontraremos la forma de solucionar los obstáculos que se presenten en el caminar por la vida. Recibe mis mejores deseos para que esta Navidad, en la que recordamos el suceso más importante en la historia del mundo, sea para todos un parteaguas que mejore la vida de cada habitante del planeta. Así que ¡Feliz Navidad! y que la alegría reine en todos los hogares: Mac.