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Querido amigo Mac:

Quizá estés de acuerdo conmigo en que vivimos una paradoja descomunal: en este momento millones de seres humanos mueren por no tener algo para aliviar el hambre, mientras en otras latitudes del planeta se desperdician criminalmente miles de toneladas de alimentos que van a la basura. Y cuando esto sucede, hay millones de gentes que comen demasiado sentándose a la mesa con platillos muy refinados y bebiendo vinos de precios muy elevados que acarician su paladar, pero acaban perjudicándolos, y lo que resulta es que cambian su salud por el placer del sabor, terminando obesos y con enfermedades muy difíciles de controlar.
¿Qué hacer frente este feroz egoísmo que permite una injusticia tan grande? No se puede permanecer ajeno al sufrimiento de tanta gente que está muriendo de inanición y seguir viviendo como si nada pasara a nuestros hermanos los hombres. No es humano y mucho menos cristiano pensar que no es problema nuestro. Sí lo es. Y muy grande. Necesitamos no cruzarnos de brazos ante una situación tan dramática, y emprender acciones que ayuden a eliminar el hambre de tanta gente.
Nosotros, pequeños y casi insignificantes, ante la magnitud de la hambruna que se sufre en gran parte del planeta, podemos hacer muy poco; pero eso poco que se puede hacer habrá que empezar a realizarlo, sabiendo que miles de niños, ancianos y adultos mueren por no tener que llevarse algo a la boca, mientras en grandes regiones del mundo se pierden vidas cuya energía y actividad se desperdicia miserablemente empobreciendo un mundo que podría ser más humano, si el egoísmo que nos envuelve fuera desterrado de las almas para evitar esta enorme tragedia que lastima y hace sufrir a incontables seres humanos.
Entonces ¿qué podemos tú y yo para que esto no siga sucediendo? Se me ocurren pequeñas acciones que, sumadas a otras, pueden ayudar a evitar esta tragedia. Por ejemplo: hacer uso de las redes sociales para ayudar a tomar conciencia del problema y sacudir la indiferencia que tanto nos aqueja; sacudir con fuerza las almas para que todos contribuyamos a la solución, aunque sea imitando el riego de las plantas “por goteo”. Otra actividad sería interesarnos en nuestro entorno e investigar dónde hay familias que sufren por falta de alimento, llevarles una pequeña despensa que alivie un poco su necesidad y hacerlo con cierta frecuencia y anónimamente. Quizá a ti se te ocurran otras, te invito a ejecutarlas cuanto antes.
Me he dado cuenta, al escribirte esta carta, de que una persona periódicamente lleva a un hospital una gran olla de “champurrado” y sendos costales de pan para aliviar a los familiares de los enfermos que ahí son atendidos, mientras ellos duermen en el exterior sin posibilidades de comer por lo menos lo más no indispensable. Como puedes advertir, no es haciendo grandes cosas como podemos contribuir a mejorar el mundo. Pequeñas acciones realizadas, como una gotita de agua constante y calladamente, sin bombo y platillo, sumadas a las de otras gentes, se puede cambiar al mundo y hacerlo más humano. ¿Te parece buena idea? Pues manos a la obra. Hagamos lo que nos corresponda… pero ya. Sin tardanza. Te envío, como siempre, mis mejores deseos y recibe un gran abrazo. Mac.