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Mac de todo mi afecto:

Hay sucesos pequeños que, no obstante lo efímeros que son, dejan en el alma recuerdos que permanecen en nuestra mente durante mucho tiempo. Una mañana ya lejana al despertar, contemplé cómo el cielo se vistió de hermosos colores, regalándonos una bella acuarela celestial que cubría una zona muy extensa, en la que una combinación de colores se difuminaron regalando un paisaje cósmico pocas veces visto. Solo el Creador puede hacer una maravilla como esa. No olvidaré nunca la suavidad de los colores que, al unirse con los más fuertes, incendiaron el cielo en una sinfonía de colores que me alegró el alma. El bello fenómeno duró solo unos minutos pero, a pesar del tiempo transcurrido, no lo he olvidado; espero conservar vívido el recuerdo de un cielo que me alegró el corazón y dejó una huella que permanecerá para toda la vida en el alma.
Y me pregunto: ¿Cómo miles de personas andan enajenadas cazando pokemones, derrochando un tiempo en desaparecer a esos virtuales muñequitos, cuando toda la Creación de Dios está ofreciéndose para su contemplación? Se olvidan de la hermosura de las nubes; del colorido de las flores tan diversas; de la bendición de la lluvia, que no solo fecunda la tierra, sino que también viste de verde los campos y los montes, lava los árboles y los bosques regalándonos paisajes que sacuden el espíritu de felicidad y que desperdiciamos por andar “matando bestezuelas virtuales”, y lo que se está matando es el tiempo que se desperdicia en tonterías.
Creo que la tecnología nos está rebasando, y la magia de los descubrimientos, que deberían servir para facilitarnos la vida, nos está causando serios problemas que no sabemos cómo resolver ni cómo actuar. El Internet está saturado de pornografía; la televisión tiene alienado a un gran auditorio con telenovelas que entontecen y estupidizan a las masas; el cine tiene el campeonato de la violencia, y las redes sociales han servido como escondite de cobardes que, escudados en el anonimato, vomitan su veneno sin dar la cara y utilizando un lenguaje soez para insultar, tirando la piedra y escondiendo la mano. Por supuesto sus denuestos no tienen ningún valor y quedan a ras de tierra, mientras los remitentes siguen reptando arrastrándose en sus propias heces.
Y surge la pregunta: ¿Por qué inventos tan importantes que harían la vida más agradable facilitando la convivencia, haciendo la vida armoniosa y las relaciones humanas convertidas en una interacción educada y responsable, se han convertido en refugio de pelafustanes?
Urge un cambio profundo frente a estas realidades, ¿pero cómo, cuándo y dónde? He ahí la cuestión. El cambio solo puede darse conjugando tres palabras fundamentales: disciplina, orden y acción. Sumemos a esto el trabajo personal que cada uno pueda aportar para que, unidos, enfrentemos con éxito el incierto futuro que nos espera de seguir por el mismo camino. De lo contrario, nos convertiremos en un país lleno de gente mediocre, que vegeta celular en mano desapareciendo a la nueva versión de los pitufos que nos tienen lelos e inactivos. Te remito, como siempre, un saludo cariñoso y el abrazo de siempre. Mac.