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Saludos cariñosos, amigo Mac:

Lo que sucedió en Francia el 14 de julio debe hacernos reflexionar en serio. ¿Qué está pasando en este mundo envuelto en la violencia y el odio exacerbado, para que ocurran sucesos tan dramáticos y monstruosos como el sucedido en Niza? Decenas de muertos que celebraban la fiesta nacional de Francia, entre los que se cuentan niños, hombres y mujeres felices celebrando la fiesta nacional de ese país y encontraron una muerte inesperada, causada por un fanático enloquecido por el odio, que no dudó en convertir un tráiler en una arma mortífera, lanzado a toda velocidad en medio de la multitud que se divertía esperando ver los fuegos pirotécnicos.
Aquello se convirtió en un infierno. Al pasar por la avenida destrozó cientos de cuerpos dejando un reguero de sangre y miembros esparcidos en cientos de metros. La escena fue dantesca y el dolor causado por ese extremista es incalculable. La pregunta que surge en nuestra mente es: ¿Qué sentimientos surgieron en el corazón de este terrorista? ¿Qué experimentó al ir triturando con su pesada mole los cuerpos de gentes inocentes que murieron sin saber por qué?
Queda demostrado que los peores asesinos son los que matan por motivos ideológicos o religiosos. Son trogloditas que asesinan porque los otros no piensan como ellos y no dudan ni un segundo en oprimir el gatillo de una metralleta o convertir en arma letal un camión para segar cientos de vidas inocentes. Nuestro lado humano se resiste a pensar que un bellaco como éste pueda ser perdonado, pero el recuerdo de Cristo y su doctrina no permite acunar odio en nuestro corazón, y a pesar de los sentimientos encontrados que experimentamos en el alma clamando justicia inmediata, tenemos que esperar el momento en que el Señor decida hacerlo.
¿Qué nos toca hacer a ti y a mí, pequeños como somos y sin ninguna relevancia? Orar y perdonar, aunque el corazón proteste por la maldad de algunos seres que no tienen nada de humanos. Hagamos continuos y pequeños actos de amor que, sumados a los de muchos otros, irradien bondad y más humanidad y comprensión, para lograr un cambio que permita vivir en un mundo menos complicado y lleno de armonía y e ir buscando la felicidad.
Podemos hacer también lo que sugiere P. Pradervand: “Al despertar, bendice tu jornada. Bendice tu día, a tu familia y amigos. A los desconocidos que se crucen en tu camino. Porque bendecir significa querer y desear el bien para todos, para los acontecimientos de la vida... Quien sea afectado por tu bendición es un ser privilegiado, consagrado, entero”.
Si hacemos esto durante el día creo que veremos un cambio muy positivo en nuestro entorno y añadiría que, si sumamos el perdón para los que lastiman y hacen sufrir a sus semejantes en forma tan artera y tan brutal, quizá transformen sus corazones y dejen de hacer tanto daño. Recibe, como siempre mis mejores deseos y acepta el cálido abrazo que te envío: Mac.