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Querido amigo Mac:

“¿Cuánto dura el presente: un minuto, un segundo…? Mucho menos y mucho más”, dijo el maestro. Menos, porque en el momento en que tratas de captarlo ya se ha ido. Y más, porque, si consigues entrar en él, toparás con la “limitación” del tiempo y sabrás lo que es la eternidad.
Esta misteriosa respuesta nos pone frente al dilema de vivir aquí y ahora, o no aprenderemos a saber y entender lo que en realidad es la vida. Vivir aquí y ahora esconde el secreto de una existencia fecunda y llena de hermosas sorpresas, que harán que nuestra vida esté llena de experiencias con un profundo sentido, al convertirla en una original y bella página en la historia del ser humano.
José Luis Martín Descalzo –nuestro querido escritor– nos habla con admiración del poeta Jorge Guillén, que aprendió a vivir apasionadamente el presente, a tal grado que en su hermosa obra literaria no utiliza los verbos en pretérito o en futuro. Él disfrutaba el momento presente del día y la hora que Dios le concedía aprovechándolo intensamente.
Esta bellísima actitud frente a la vida le permitió dejar a la posteridad una obra de una creatividad que sigue admirando a miles de lectores, que se deleitan con su legado de poemas que hacen vibrar de admiración el corazón de sus lectores.
Hoy vemos, con raras excepciones, a miles de hombres que viven huyendo de sus propias vidas. Son fugitivos del pasado o temerosos del futuro y se olvidan que el único tiempo que nos pertenece es el momento presente. El aquí y el ahora, que dejamos pasar lastimosamente sin provecho. Casi siempre estamos huyendo del presente, remasticando un pasado ya muerto o fugándonos al país de los sueños, sin fijar los pies sobre la tierra y perdiendo un tiempo que no aprovechamos, que se va al infinito, sin hacer algo que nos permita dejar un buen legado en el momento de partir de este mundo.
Renunciemos a esa morfina que nos impide dejar una huella positiva de nuestro paso por el planeta. Hagamos a un lado la amargura que vivimos en algún momento de nuestra vida y renovemos la esperanza que nos sitúa frente a un presente que bien vivido y aprovechado.
Carlos G. Vallés, jesuita que vive en la India, nos previene de las dificultades que entraña el tratar de vivir ese presente; él indica que pasaron muchos años para lograrlo, pero, al conseguirlo, su vida resultó ser más fecunda y feliz.
Empecemos, pues, con nuevos bríos y con acciones fecundas a iniciar un nuevo camino. Acordémonos que el arrepentimiento no consiste en sufrir por lo que pasó. El pasado ya está muerto, y no es bueno sufrir o afligirse por lo que ya se fue. Cambiemos nuestra mente y, con un corazón gozoso y alegre, empecemos a vivir con intensidad el aquí y el ahora. Nuestras vidas serán más fecundas, y la paz y la alegría servirán de trono a nuestra alma. Recibe mi saludo lleno de cariño y un cálido abrazo. Mac.