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Mac de todo mi afecto:

Fatalmente estamos llegando a lo que Ray Bradbury narra en una de sus novelas. Clarisse –personaje de su novela– acepta un permiso para regresar a la tierra y observar cómo viven y se comunican los humanos. Su sorpresa es mayúscula al contemplar cómo la gente profiere millones de palabras sin mensaje alguno. Solo lanzan sonidos sin poner en ellos el alma para llegar a la mente y al corazón de los demás. Ella se desespera porque nadie la escucha, y solo oye a la gente hablar de autos, de ropa de moda; de sus paseos cotidianos a los gigantescos centros comerciales, para observar cuál es la moda de los casi 15 mil artículos que ofrecen, y de los cuales solo unos cientos son necesarios para vivir. Con el corazón entristecido se vuelve al Cielo con un desconsuelo y decepción muy grandes, al ver como los habitantes de este mundo llegan y se van de él sin tocar las almas de sus semejantes. Solo son seres yuxtapuestos que nacen, crecen, se reproducen, algunos hacen fortuna y mueren sin pena y que gloria, a su paso por algo que debería ser una aventura hermosa e inédita de su venida al mundo.
¿Qué es lo que vio Clarisse en su visita a la tierra que la dejó tan decepcionada, al escuchar toda la “cháchara” de los que habitamos este mundo? No lo sabemos, pero podemos suponerlo. ¿De qué hablamos cotidianamente nosotros? Hablamos de telenovelas; de las locuras y escándalos de algunos artistas de la farándula, sus chismes, lo que visten, quién es su penúltima pareja, cuánto dinero han acumulado, y mil naderías más que solo sirven para dejar escurrir el tiempo como agua entre los dedos. No se habla de temas trascendentes, no se pone el alma sobre la mesa para mostrar los valores que manejamos, las cosas que nos importan o inquieten. Nada para mejorar la vida de los demás y la nuestra a través de una comunicación con sustancia, que mejore las existencias. Pasamos por nuestra vida como agua que moja pero no penetra en nuestra alma y en la de los otros. Muchos vivimos una superficialidad que asombra y entontece. Como que no sabemos qué hacer con nuestra vida.
Toda esta narración del novelista es una realidad que podemos comprobar fácilmente hoy. Nuestras charlas carecen de sustancia, da la impresión de que en el alma de mucha gente hay un vacío infinito y por eso nuestras comunicaciones se pierden en la nada. Si observas, querido Mac, solo hablamos de tonterías que no dejan huella en los corazones y todas esas palabras convertidas en ruido se pierden lamentablemente. Aquel proverbio antiguo que nos decía que “de la abundancia del corazón habla la boca” hoy es obsoleto y sin significado para nuestro tiempo.
Hoy nuestros temas esenciales son el futbol y el dinero. El balompié se ha adueñado de nuestro tiempo, al grado de llenar todas las pantallas de los medios de cientos de horas a la semana en decenas de campeonatos que nos tienen enajenados y colgados del televisor con una devoción que sorprende y desespera por los miles de horas derrochadas sin remordimiento alguno.
En fin, en el pecado llevamos la penitencia. Nos alienan brutalmente, y nosotros solo gritamos estentóreamente: ¡GOOOOOOOOOOooooooool! Nos han convertido en seres amorfos, sin columna vertebral. Recibe mi saludo y abrazo con el afecto de siempre. Mac.