fdfCon mis mejores deseos te saludo, mi buen amigo Mac:

Y aquí estamos, escribiendo la Carta, en un lugar muy hermoso, muy arbolado, lleno de pasto muy verde. Ahora con las lluvias como que ha resucitado, y se pone uno a pensar la maravilla que es el agua. El agua... Decía Francisco de Asís: “la hermana agua”. Cómo nos ayuda la hermana agua. Desde la mañana para la ablución matutina, para el baño diario, y luego para disfrutar tomándola y satisfaciendo al necesidad de lubricar todo nuestro cuerpo a través de la ingesta del agua.

Pero, pues, sería bueno que platicara yo contigo acerca de dos libros que he estado leyendo se titulan México bizarro (volúmenes I y II), que son un abanico de anécdotas, de sucesos políticos, religiosos y de otro tipo –que nos narran ahí los autores Julio Patán y Fernando Rosas–, en medio de los cuales te das cuenta de toda la parafernalia que existe en la sociedad (ahora le llaman el tejido social) y de muchas cosas que se hicieron mal por parte de políticos rateros, de gente que se aprovechó de sus cargos para medrar, olvidándose de que son servidores de la gente y que, por servirse a ellos mismos, dejaron en la indigencia a muchísima gente. Creo que México es un país muy hermoso, lleno de cosas muy interesantes y con sucesos que a veces te asombran, a veces te enojan y a veces te hacen reír.

En fin, es una delicia recorrer anécdotas de tipo político, artístico, religioso, que te sorprenden por su originalidad. Yo creo que conviene leer y aunque sea de pasadita y de forma rápida estos libros, que nos narran desde anécdotas de políticos, de artistas cinematográficos, de payasos que hubo muy buenos (como aquél del Circo Orrín, que disfrutaron muchísimos niños). No es vital saber estas cosas, porque son de cultura popular, pero te divierten, te entretienen y te hacen pensar un poco.

Yo creo que sí es curioso observar cómo el ser humano es tan diferente, cómo puede realizar cosas tan distintas en muchísimos aspectos de la vida: en el aspecto artístico, o en el aspecto de la enseñanza. Hay maestros que dejaron una profunda huella en sus alumnos. Yo recuerdo con mucho cariño a muchos maestros de mi primaria y de la secundaria. Había un maestro que nunca se me ha olvidado, se llamaba Juan Vargas Romero, él fue mi maestro de Castellano, y me acuerdo una vez, cuando yo dirigía el periódico Comunidad, me dijo al llegar a la oficina: “Vengo a saludar a mi maestro”. ¿Te imaginas lo que yo sentí cuando un anciano profesor fue a mi despacho y me dijo esa frase que nunca se me ha olvidado?

Qué bonito es eso, que el reconocimiento de una persona que desgranó su sabiduría a través del contacto durante tres o cuatro años te haya dejado una huella tan profunda en el alma. Cuando sea Día del Maestro, y aunque no sea Día del Maestro, cualquier día, hay que recordar con cariño, con gratitud, con devoción, a esas personas que se entregaron a nosotros a través de su enseñanza, y que dejaron en nuestra alma profundas huellas de sabiduría y de alegría, de entusiasmo por la vida, de ansias de saber más cosas.

Recibe mis mejores deseos, amigo Mac, y te recuerdo con mucho gusto y te envío mi saludo cordial y cariñoso, deseando que siempre estés de buen humor y alegría, realizando tu actividad importantísima que realizas... Que Dios te bendiga y que todo sea para bien: Mac.